miércoles, 22 de noviembre de 2017

Opinión: El babero de los hobbits (II)



El babero de los hobbits (II)


HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA


«Me estás ofendiendo». De esta guisa reacciona la subdirectora, en dos ocasiones, durante la conversación que mantenemos; primeramente por teléfono, más tarde en su despacho. Ni insultos, ni desaires ni malos gestos. Ha debido o querido decir que se siente ofendida, que es otro cantar.

Las cuestiones que propician el encuentro y el desencuentro con la subdirectora tienen mucho que ver con dos asuntos que, aparentemente, no guardan ninguna relación entre sí. Solo aparentemente.
El primero de ellos, el más instrumental, es el sistema de derivación de enfermos a los hospitales privados con los que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) tiene convenios o conciertos. Por cierto que, en su línea habitual, la Consejería de Salud mantiene una sospechosa opacidad en la información que debería ofrecer en su web institucional sobre los conciertos privados. Tanto es así que no la actualizan desde hace cuatro años.


Web de la Consejería de Salud. Información sobre centros concertados. Última actualización 1 de febrero de 2013.



Web de la Consejería de Salud. Información sobre centros concertados. Última actualización 16 de octubre de 2013.


El otro motivo, de mucho más calado, se refiere a la obsesiva doctrina de la Junta, enfocada a capar la potestad del médico y minimizar el peso de sus decisiones, siempre que se presente la oportunidad y el mediano de turno no se pille los dedos.
El procedimiento para ingresar a esos pacientes en centros que no son de titularidad pública es uno de los muchos y variados resortes con los que los políticos intentan asentar —tozudamente— su pretendida supremacía sobre el más noble poder del conocimiento, de la experiencia y de la praxis médica.
No es un poder vertical, no es empoderamiento, no; es, simplemente, la facultad de tomar (o no) una serie de decisiones clínicas basadas en el buen saber y en el buen hacer; decisiones que atañen, nada más ni nada menos, que al preciado y precioso bien de la salud. Ni los políticos, ni los cargos directivos médicos —aquellos que dejaron de ejercer para ocupar un sillón— pueden impedir, ni siquiera cuestionar, esta lógica de la rutina profesional. Porque no saben. Eso les jode. Y mucho. Pueden burocratizar, obstaculizar y zancadillear, que en esas lides son maestros insuperables.
Ahora bien, lo que sí puede pasar, y de hecho ocurre, es que el profesional, por distintas razones y presiones, cede, claudica y expone mansamente la cerviz cada vez que se inclina en una de sus reverencias. Pero esta es harina de otro costal.
Para ilustrar la tesis expuesta, basta con imaginar lo que significa un simple análisis de sangre. El médico, en su proceso diagnóstico, lo indica y decide solicitarlo; el personal de enfermería se encarga de preparar lo necesario para la extracción de la muestra. En la siguiente secuencia, un celador transporta los tubos y la petición hasta el laboratorio, donde el personal lo registra y lo procesa; los resultados, una vez validados por otro médico, pasan a un sistema informático, a través del cual el facultativo podrá verlos.
Dicho proceso solo es una gota  en el mar: todos los días se repite cientos, miles de veces; en el camino de una simple analítica, pedida por un solo médico, se han necesitado enfermeras, auxiliares, técnicos de laboratorio, celadores, administrativos, informáticos; jeringas, agujas, tubos de ensayo, gasas, antisépticos, todo tipo de mobiliario, aparatos analizadores, microscopios, centrifugadoras, ordenadores, impresoras, programas… Si se piensa en todo lo demás, las pruebas de imágenes que se piden, las intervenciones, los procedimientos, consultas, ingresos o altas, durante las 24 horas de todos los días de todos los años… El infinito.
Este monumental engranaje, de gentes y cosas, funciona sin cesar porque hay miles, millones de decisiones facultativas que lo engrasan permanentemente para que no pare; los médicos son los únicos que están facultados para mantenerlo operativo. Sin médicos, la nada, el vacío, el abismo. Podrá parecer pretensioso, petulante o soberbio. Nada de eso: es, llanamente, la realidad. La expongo con la misma humildad con la que reniego del endiosamiento y del corporativismo, esas dos graves enfermedades que aquejan a la profesión más bonita del mundo.
Debería holgar la afirmación de que, si bien es verdad que la Medicina no se entiende sin médicos, no es menos cierto que solamente con ellos tampoco se puede concebir, y además es imposible. Necio habría de ser si, tras 35 años de ejercicio profesional, no sintiera un sentido respeto por todos los estamentos del mundo sanitario, o no tuviera la certeza de que todos ellos son absolutamente necesarios.
¿Todos? No. Todos, menos la mayoría de estos políticos y muchos de sus secuaces de babero y tarjetita identificativa del cargo, pinzada al bolsillo pectoral de la impoluta bata blanca. Y sálvese quien pueda. Porque exceptuando algún rara avis que trabaja para el bienestar de la sociedad de a pie, el resto sobra. Y no merecen un respeto del que no son acreedores. Estos son los que tanto temen y odian ese poder facultativo que les está vedado. Disfrazan su incompetencia intentando rebatir y miniaturizar el criterio del conocimiento y de la experiencia, cuando no empleando taimadas jugarretas, propias del más experimentado de los trileros.
Y cuando se les dicen de frente estas cuatro verdades, se muestran ofendidos, como fue mi caso con la subdirectora del hospital. No tardarán mucho en conocer con detalle el rifirrafe retórico, al personaje en cuestión y el apasionante desenlace.
Tengan un buen babero a mano.


(Continuará…)



domingo, 19 de noviembre de 2017

Opinión: El babero de los hobbits (I)




El babero de los hobbits (I)

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Pertenecen a una estirpe gris de elementos a sueldo. Sueñan cada noche con alcanzar un escaloncito, el siguiente: uno menos para llegar lejos. Son los cargos directivos del Servicio Andaluz de Salud, concretamente los llamados ꞌcargos intermediosꞌ.

En este punto y al hilo del discurso, que en breve retomaré, es posible imaginar un diálogo cinematográfico, de serie B mala, entre un subdirector médico, Gerónimo, pongamos por caso, y su cuñado gaditano, que anda de visita. El encuentro entre Gerónimo y su hermana, entrañable; la cena, inmejorable y bien regada, va derrotando hacia el paso de su ecuador, momento en el que los caldos arrancan a fermentar en las neuronas. El reconfortante silencio de una noche familiar, la trémula luz de cuatro rayos de luna, que se empeñan, con hidalguía mediterránea, en no abandonar a los comensales, el aroma del salitre milenario, el murmullo de la espuma antes de ser agua de nuevo…

—Cuñado, ¿cómo te va en el hospital? Tengo entendido que eres el mandamás allí… ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
—¡Qué va, hombre! Yo solo soy subdirector.
—¿Te parece poco?
—Lo mío es un cargo intermedio, cuñado.
—¡Hostia! ¡Como los hobbits! También eran intermedios…
—Eran medianos, cuñado, medianos
—¿No te estarán creciendo los pies no? ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Mi tesooorooo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Como le ocurrió al asno con la flauta, al cuñado le ha tocado un bingo con la semántica; no en vano, la primera acepción en el DRAE del término ꞌmedianoꞌ es: «De calidad intermedia». No cabe duda de que, tanto semántica como lingüísticamente, y con el aval de la Academia, se puede decir que aquellos cargos intermedios, son cargos medianos. Por una simple regla de tres, y en una interpretación mucho más libre y próxima al mundo de la fantasía del maestro Tolkien, podrían clasificarse esos roles directivos del SAS, como “cargos hobbits. Aunque es de temer, y yo me lo temo, que a esas entrañables criaturas de La Comarca, tan bondadosas, inteligentes, trabajadoras, solidarias y leales, tal comparación no solo les resulte odiosa, sino que es más que probable que la encuentren enojosa. Y esta buena gente de la Tierra Media también tiene sus prontos.
Mas, habrá que retornar a la senda que abandonamos cuando quisimos parar a escuchar aquel turbador diálogo a la luz de la luna. Momentos antes, se hablaba de esa carrera de muchos cargos intermedios para llegar lejos. Probablemente ni sepan cuánto de lejos. Ya se les puede adelantar una pista: cerca del Guadalquivir, a su paso por Sevilla.
Si el evento gastronómico y familiar del subdirector Gerónimo ha sido un guiño literario ficción por tanto—, en la siguiente entrega de este artículo se tratarán asuntos de mayor enjundia: la militancia política de estos cargos, la adjudicación de los mismos por el «sistema de libre designación» (legal, ilegítimo y vergüenza democrática); el “engorde” descarado del curriculum investigador, con trabajos-estrella que valoran impactos sanitarios a partir de cuestionarios elaborados con refranes populares, análisis de caídas entre ancianos que practican, o no practican, Tai Chi (por cierto, sin diferencias significativas), y talleres de cocina de los que se extraen conclusiones para cambiar el orbe sanitario.

Arts. 3-7, Decreto 75/200, de 13 de marzo de 2007  Junta de Andalucía / FUENTE: Junta de Andalucía


Artículo 8, Decreto 75/200, de 13 de marzo de 2007 de la Junta de Andalucía / FUENTE: Junta de Andalucía


Finalmente, trataré, una vez más, de explicar por qué la administración sanitaria andaluza (supongo que otras muchas también, pero esta es la que conozco) ha tratado, desde el 28 de febrero de 1981 de mermar la autonomía de los médicos, en vez de hacerlo con los poderes fácticos, que hoy campan a sus anchas.
Y todo ello, a propósito de un caso, del que he sido protagonista y testigo. Si dijera que fui víctima, mentiría; no pueden arrebatar el poder del conocimiento y de la buena praxis. Prevaleció mi criterio, de una forma aplastante. Podría decirse que fue vergonzante para el mediano, la mediana en este caso, pero donde no hay trigo, no hay pan blanco. Suerte tienen de que los médicos jamás hayamos querido hacer una huelga, pero una huelga de verdad: se desploma el sistema sanitario en pocos días. Pero se lleva por delante a muchos inocentes y esto no es asumible. Al menos para mí.
Los médicos llevamos bata; muchas veces sucia, de la batalla. Los hobbits  —no los de Tolkien— llevan babero para secar la continua secreción que les produce la sumisión al dedo que los hace ser… Y no ser.


(Continuará…)

jueves, 2 de noviembre de 2017

Opinión. La poesía del 155.




La poesía del 155


HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Cientocincuentaicinco rima con hinco. De hincar. Artículo rima con ridículo y con testículo. Articulo, con culo, mítica región corporal, objeto de pasiones y desencuentros. El chascarrillo resultante es de sobra conocido y no parece necesario ser más explícito en la cuestión. No había que recurrir a la futurología para sospechar que el Gobierno español acabaría aplicando el 155. Sí, el que rima con hinco.
Ni nuestro Estado de derecho ni las normas de convivencia que nos hemos dado podían permitir tal ataque a la legalidad vigente, consagrada en la Constitución española de 1978. Ni a la sagrada —e indiscutible— unidad de España, encarnada en la regia y noble figura de Felipe VI de Borbón. Y Grecia. Frente a la descabellada aventura secesionista que amenazaba la convivencia de la mayoría y el progreso de una gran nación, el imperio de la ley ha conseguido recuperar la normalidad democrática y el regreso a la senda de la sensatez. ¿Les suena la perorata?
Ha sido muy doloroso, mucho, destituir un gobierno autonómico y disolver un parlamento entero. Un dolor que se torna lancinante al tener que tomar el control de dichas instituciones y convocar elecciones limpias, transparentes y democráticas para el 21 de diciembre. Solo hay que ver las caras de García Albiol y de Albert Rivera. No caben en su propia congoja.
Por si fuera poco, la tristeza democrática se lamenta sin consuelo de la independencia judicial y la separación de poderes que distinguen al sistema político español: cárcel para la chusma independentista, acusada de rebelión. Eso les pasa por golpistas. Como Tejero, Alfonso Armada o Milans del Bosch. Otra medida dolorosa. Que rima con muchas cosas.



Para golpe, el cientocincuentaicinco. Que rima con hinco. Después de leerlo —recomendable ejercicio, sobre todo para los que hablan de él sin tener ni zorra idea— no queda espacio para la duda: la interpretación y ejecución que del polémico artículo hacen el Gobierno de Rajoy y las fuerzas vivas del Estado de Derecho y de la convivencia que todos nos hemos dado, bla, bla, bla, es el verdadero coup d’Etat en toda esta historia.
Por más vueltas que se le dé es imposible llegar a otra conclusión que no sea la que es: una patente de corso para aplastar cualquier disidencia sobre la sagrada e indiscutible unidad de España, encarnada en la regia y noble figura de Felipe VI de Borbón. Y Grecia. Bla, bla, bla…
Es, simplemente, el cientocincuentaicinco. Que rima con hinco.




martes, 24 de octubre de 2017

Carta de respuesta a un amigo




CARTA DE RESPUESTA A UN AMIGO

No hay color

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA


«Supongo Héctor que esto debe ser un trabajo de la universidad sobre la desinformación, la más burda demagogia y su efecto sobre la decadente oclocracia independentista. Si es así es para ponerte un 10. A la altura de la más patética demagogia, ahora tan de moda por los defensores del procés». Roberto Quintana.





Bueno, lo primero, Roberto, saludos cordiales y gracias por tu comentario. Ya sabes que es bienvenido y no siempre hemos de estar de acuerdo en todo. Lo contrario sería tremendamente sospechoso.
No, no es un trabajo para la Facultad de Periodismo, entre otras razones porque no da un mínimo de calidad; es una gamberrada personal ante el hastío que me produce la absoluta ceguera de tantas personas a las que considero inteligentes. La foto del sindicato de policías da miedo; claro, con metralletas y embozados, ya me dirás si se puede ser tan valiente. Por otro lado, un golpe de Estado es lo que es, y estoy seguro de que tú lo sabes. Y para terminar, una crítica a ese patrioterismo sobrevenido, tan falso como folklórico, a juzgar por la última foto de la videogamberrada.


Fotografía publicada en Twitter por el sindicato Unión Federal de Policía           Fuente: Twitter


No obstante, lo que me resulta más interesante de tu comentario es la introducción de dos conceptos muy importantes en todo este asunto: desinformación y oclocracia.

La exageración, minimización o desfiguración de la información permiten al propagandista destacar aquello que le interesa. Además, como afirmaba Goebbels, «toda falsedad es más creíble cuanto mayor sea». Esta regla se corresponde, al menos parcialmente, con lo que llamamos desinformación.

Por otro lado, es una técnica muy común en la Historia del Periodismo y da lugar a lo que se conoce como sensacionalismo o amarillismo. La desinformación no es más que una de las técnicas posibles de la propaganda. Es muy frecuente utilizar el término desinformación como sinónimo de falta de información. Pero, en rigor conceptual, no es más que un aspecto posible de la propaganda.

Nuestra Real Academia define desinformar como "dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines" o, en su segunda acepción, "dar información insuficiente u omitirla".

En realidad, el término desinformación procede, al parecer, de los orígenes del régimen soviético. Según la Enciclopedia Soviética, en su edición de 1952, “la desinformación es la propagación de informaciones falsas con el fin de crear confusión en la opinión pública. La prensa y la radio capitalistas la utilizan ampliamente. La desinformación tiene como objetivo engañar a los pueblos, cercarlos con la mentira, a fin de que imaginen una nueva guerra preparada por el bloque imperialista contra la política pacifista de la URSS, de los países con democracias populares y de otros países pacíficos, presentada como agresiva. Un papel especial en la propagación de tales informaciones provocadoras y falsificadas corresponde a la prensa, la radio y otros órganos de información del capital americano, que suministran informaciones engañosas a la prensa y a los órganos de propaganda. Los medios gubernamentales de los Estados Unidos, Francia y otros países imperialistas, utilizan frecuentemente la desinformación en el ámbito de las relaciones internacionales". Solo les faltó añadir “nosotros también lo hacemos”, para ser perfecta.

No me cabe la menor duda de que el aparato independentista catalán ha usado ésta y otras técnicas de propaganda para conseguir sus objetivos. Tampoco dudo que lo hayan hecho el Gobierno español y el llamado bloque “constitucionalista”. Los sucesivos gobiernos socialistas en Andalucía sientan cátedra en esta materia, con Susana Díaz a la cabeza.

Pero no es solo esto: con esta guerra psicológica, ambos nacionalismos —o más exactamente la derecha española y la derecha catalana— tratan de distraer a la opinión pública de lo que de verdad más les preocupa: de la corrupción y del saqueo con los que han castigado a millones de personas honradas durante muchos años. Allí y aquí. Además, los peces más gordos quieren quedar impunes. Y se irán de rositas mientras los respectivos súbditos se parten la cara entre ellos.

Respecto a la oclocracia a la que te refieres, también tengo que felicitarte por tu acierto al elegir el término: definida como “la democracia de las muchedumbres”, y concebida como una deriva degenerativa de la democracia convencional, es muy cierto que en el conflicto hispanocatalán que nos ocupa se juega sin pudor con las masas que salen a la calle, usándolas como ruedas de molino con las que hacer comulgar al contrincante.

Mas no solo lo han hecho los independentistas: seguro que no es necesario que te recuerde la amplia cobertura de la “manifestación por la unidad de España”, celebrada en Barcelona el pasado 8 de octubre, y que ya es considerada oclocráticamente hablando como la absoluta evidencia de una mayoría unionista en Cataluña; aunque hubiera gente de Coín, concretamente unos buenos amigos, simpatizantes del PP y no por ello menos queridos por mí.

De haber vivido hoy, Ortega y Gasset hubiera titulado La comunión de las masas. Inmensos rebaños de criaturas, mansas y acríticas, entregadas y secuestradas por el discurso político. Allí y aquí.

Soy consciente de que mi posicionamiento en estas cuestiones no es el mejor camino para hacer grandes amigos. Lo más jocoso del asunto es que nadie me ha preguntado cuál es; el simple hecho de hacer un esfuerzo de ecuanimidad, y manifestarlo, ya me ha colocado en la frontera con una barretina por gorro y una estelada por bandera.

Callar en la espiral del silencio o dejarme marcar a fuego como una res son posturas mucho menos complicadas.

No hay color, amigo Roberto.



sábado, 21 de octubre de 2017

Opinión: Respuesta crítica a artículo del Diario Sur (21.10.2017)




Cartas marcadas


HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA


Respuesta crítica al artículo de opinión “Mártires del 155”, publicado en el Diario Sur de Málaga el 21 de octubre de 2017, firmado por José Antonio Trujillo.

Tan solo le falta lamentar la ausencia de tanques en Las Ramblas y en la plaza de Sant Jaume. En realidad, el articulista muestra tal decepción, si bien la viste con los naipes marcados de su propia baraja. Torpes piruetas retóricas, sorprendidas in fraganti por «todas las armas del Estado de Derecho». Es ahí cuando el lobo enseña la patita en nombre de «nuestro modelo de convivencia».




¿Cuál es ese modelo que, según el autor, hay que defender a toda costa? ¿Qué convivencia es aquella que desprecia la posibilidad de que Cataluña —y es de suponer que el resto de España también— acabe llorando a esas «víctimas inocentes» a las que el articulista concede —con inusitada frialdad— tan escaso crédito?

Periodistas y profesores de reconocida solvencia como León Gross o Agustín Rivera suelen incidir mucho en el Background del artículo de opinión, como el cuerpo de conocimiento que opera de fondo argumentativo. Sin este elemento la pieza periodística queda vacía de contenido o se convierte en un texto meramente propagandístico y dogmático, al servicio de determinados grupos e intereses.

Y este es el caso de la columna del señor Trujillo. Con cuatro o cinco muletillas más que gastadas por el discurso oficial y una construcción acaso ocurrente, consigue desandar 200 años de periodismo para situarse en aquella prensa doctrinaria, partidista y combativa de la primera mitad del siglo XIX, mucho más empeñada en la persuasión emocional que en la reflexión racional, y bastante más comprometida con la irresponsable arenga de las masas que con la firme vocación de mantener una cierta ecuanimidad analítica.

La mejor forma de no ensanchar esa fractura social a la que alude el artículo en cuestión es dejar de meter el dedito en la herida, sobre todo si es solo para quedar bien con un círculo de admiradores o para dar fe de este patrioterismo sobrevenido que solo alimenta el instinto de machacar a los catalanes. La patria, las patrias, son otra cosa.

Quien tiene la suerte, o el privilegio, de disponer de una ventana a la opinión pública, ha de saber que en las facultades siguen enseñando que el Periodismo tiene una gran responsabilidad social. Nada hay que objetar a la línea editorial de un medio cualquiera mientras cumpla con ese precepto. Pero una redacción seria debe supervisar las opiniones de sus colaboradores; si no, más pronto que tarde, muchas cabeceras no podrán diferenciarse de las redes sociales y morirán de pura inercia. Si algunas no lo han hecho ya.


Y en esta partida no valen ni las cartas marcadas.


jueves, 19 de octubre de 2017

Opinión: Sobre la sedición



Sedició

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Carmen Lamela ha enviado a prisión a dos líderes civiles del movimiento independentista catalán. La jueza de la Audiencia Nacional los encarcela de forma incondicional y sin fianza. Era, justamente, lo que solicitaba Miguel Ángel Carballo, su teniente fiscal y «miembro de la conservadora Asociación de Fiscales», según vozpópuli, un medio digital poco sospechoso de cojear con la pierna izquierda.





A Sànchez y Cuixart, líderes de ANC y Òmnium respectivamente, les pueden caer hasta 15 años. Por sediciosos. Y que vayan dando gracias a Deu de que ─por ahora─ no les apliquen el máximo grado de sedición, que es la rebeldía; el mismo ─todo hay que decirlo─ que el de los golpistas del 23-F, que, como todo el mundo sabe, han pagado con creces el casi insignificante desliz de poner una pistola en las sienes de millones de españoles. Rebeldes, sí, pero patriotas a reventar. Y alguno de ellos gran amante de las camelias. Conmovedor.
Los sediciosos son aquellos que se alzan pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes, o para impedir a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales. Analicemos, pues.
Bárcenas, por poner un ejemplo, no es un sedicioso. Por eso está en la calle. ¿Por qué? Porque lo suyo ni es público ni «tumultuario» ni por la fuerza; ¿es fuera de las vías legales? Sí. No vamos a engañarnos. Lo de Bárcenas es ilegal. Ahora bien: ¿ha impedido el hombre el legítimo ejercicio de sus funciones a alguien? ¡No! Todo lo contrario: ha facilitado mucho, mucho, mucho. Y además, por favor, don Luis es un gran patriota. Su mujer también.
Todos estos matices son relevantes.
Antonio Muñoz, que en buena gloria descanse aunque él no creyera en ella, contaba que en su servicio militar (aquellas milis de postguerra, interminables), destinado en el norte de Cataluña, el capitán ordenaba a la tropa «partirle la boca a todo aquel que oyeran hablar en catalán». Nadie le preguntó a Antonio, un malagueño de pura cepa, si cumplió esa orden, o no, pero hay indicios en contra de que lo hiciera. Sin ánimo de montar chisme alguno, es más que plausible que encontrara una buena amiga en aquellas tierras segadas. Y a riesgo de ser fusilado porque en aquella época la sedición era cualquier cosa, igual que ahora─, cantó aquello de:

“Baixant de la font del gat,
una noia, una noia,
baixant de la font del gat,
una noia i un soldat”.

Sedición. Sedició.
¡Pobre España aquella que solo sabe partir la boca de los que no hablan su mismo idioma!



viernes, 13 de octubre de 2017

ODA A TABLETOM (escrito en 2010, reeditado)




¡Eh! ¿Quién anda ahí?

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

No quiero caer en tópicos. Sólo deseo hacer una oda a Tabletom. A la banda, a sus bandas. A sus tres inmortales, voz, vientos y cuerda. Al violín en Zero Zero. Al bajo sin trastes. Al batería loco. Al saxo de Denis. A ese Lito desmesurado.
Lo tengo jodido. Evitar topicazos que no se hayan leído ya es muy complicado. Y más aún teniendo en cuenta que escribo sobre casi treinta años de mi vida. Prácticamente imposible, pero voy a intentarlo.
Me refiero al grupo de Rock and Roll que lo más típico que tiene es su pescaíto frito, la Casa El Guardia y el Guadalmedina, ese rio, casi siempre seco, en el que libré mil batallas cuando todavía nos dejaban jugar a la pelota. “Se interna, centra y…gol”
Sala Vivero, hace no mucho. Mis manos apoyadas en la madera del escenario. Siento, en mis huesos y en todo mi cuerpo, la vibración de los vatios. Admiro, una vez más, la puesta en escena de Perico, erguido en trance sobre los que tenemos la suerte de estar allí. Regala notas, trastes, música, rock, arte e infinita paciencia con el vocalista, un tal Roberto, alma que se entrega y se distrae. Los duendes y los genios tienen estas cosas…
Y ese Pepillo, más serio, como siempre, pero también paciente. ¡Qué manera de derrochar sinfonía y gusto exquisito!
¡Ay, me va a matar el Rock and Roll!




Me mata esta banda, me matan el bajista, el batería, las teclas y los otros vientos. Me matan todos, de buena música, de graves, agudos y letras; de gusto, de historia, de sentimientos, cariño, nostalgia y respeto.
Uno no puede evitar rememorar aquel pedregal infame en el que nos metían para poder verlos en la antigua feria de Málaga, con los grises dando vueltas alrededor. Por si las moscas. Los rockeros siempre fuimos bultos sospechosos. Ni aquel garito de la Misericordia, atascado de humo, de buen humo. Ni aquel concierto en Las Palmeras, en el que tocaban como teloneros de un grupo estrella, al que terminamos pitando para que se fueran. Nada personal: solo queríamos más Tabletom. Y más, y más… 
Auténticos y únicos. Hoy más que nunca quiero quereros, quiero admiraros. Hoy más que nunca deseo deciros que no os pido nada más porque ya me lo habéis dado todo. Tengo al lelo Pío-Pío, al pájaro Cucú, a Paco, al vampiro y al Coyote. Tengo 7000 kilos de Rock, 7000 kilos de Tabletom, hasta la parte chunga, al espía de la KGB, las vacas del pueblo, mimosas y acacias. Llevo en mi corazón a Gloria y a la niña que voló.
Gracias, amigos, por dejarme seguir en las nubes. Hasta siempre.