miércoles, 8 de agosto de 2012

Una de bandoleros





Bandoleros, petardos y comediantes

Héctor Muñoz. Málaga

Agosto de 1983. Fiestas patronales del malagueño y serrano pueblo de El Burgo, en honor a San Agustín. Ríanse de las mascletadas levantinas: petardos y cohetes estallan estruendosamente con los primeros rayitos de sol. El joven médico, sustituto por una quincena y avisado de la que se avecina, brinca de la cama -ya sudoroso- sin necesidad de despertador, que para eso están los madrugadores mozos con sus ruidosos fuegos de artificio.
Hecho un pincel, limpio y peinado, ese inexperto heredero de Hipócrates espera la llegada de la procesión, con su regimiento de artificieros, en la plaza de arriba. Con un vetusto maletín de cuatro aspirinas y alguna fruslería más, el galeno cruza de lado a lado para atender a los heridos de la pirotecnia. Resulta que tradicionalmente hay dos grupos de, digamos, “cofrades”. Durante todo el año viven en sana armonía y son coleguitas. Pero en el día de San Agustín no hay amistades que valgan: cambian el lógico despegue vertical de los cohetazos que se buscan, por la línea horizontal, más directa al enemigo. Los zumbidos -fiussssssssss- y las estelas de humo que dejan esas armas letales pasan a escasos diez centímetros del cogote agachado del médico del pueblo, que para más inri tiene que oír comentarios como “¡uy, por poco no lo ha pillao!”, o “¿recuerdas el año que un petardo le dio a Don José?”. ¡Qué fácil es ver los toros desde el tendido, mamones! Sarajevo en plena Andalucía, pero de buen rollito.
El Burgo es un maravilloso pueblo de la Serranía de Ronda, de gente buena, acogedora y orgullosa de ser la cuna de Pasos Largos, aquel prófugo convertido en bandolero legendario. Burgueño nacido con la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, “el último bandolero” murió asesinado durante la segunda república cerca de donde nació: en la Sierra de Las Nieves. Igual fue también el último romántico incondicional de los códigos de honor y de la justicia social.


Esa idea, la del fuera de la ley que roba a los ricos para darle a los pobres ha sido manidamente utilizada en el cine, la literatura y la política. Pero Don Juan Mingolla Gallardo, “Pasos Largos”, fue ajeno a estas banalidades porque lo suyo era sobrevivir.
La penúltima representación apócrifa de este drama histórico la ha escenificado el mediático dirigente comunista Juan Manuel Sánchez Gordillo, parlamentario por IU, alcalde y líder sindical. Con un puñado de adeptos y un arrojo insospechado, ha violentado a las cajeras de un hipermercado para mangar por la cara una calculada cantidad de género destinada a familias en crisis. Bufandita palestina y megáfono en mano, el astuto líder se ha ocupado de despistar a los policías en una estratégica maniobra de distracción. El vicepresidente de la Junta de Andalucía, el docto Valderas, ha remarcado el “carácter simbólico” de la acción, que “abrirá un debate necesario en la sociedad sobre la riqueza y la pobreza”, como si esto fuera una novedad para la Humanidad. Lo que tienen que hacer, Gordillo, Valderas, Griñán, Arenas y todos sus mandos, es dar gracias a la Historia, que se llevó a Pasos Largos; porque de lo contrario ya estarían criando malvas con otros muchos que bienviven de la política a costa del personal. Que no tienten a la suerte porque mañana le puede tocar a Ferraz, Génova, Moncloa u Olimpo. Que en esta España nuestra, cuando se rompe la baraja cae hasta el más pintado. De frente o por la espalda, pero cae, vive Dios.
Ajeno al futuro, el bisoño licenciado en Medicina y Cirugía, feliz superviviente de la orgía de pólvora, degusta al atardecer una buena cerveza con unas aceitunas partidas en “El Chozo”, el bareto más retirado del centro del pueblo. No sospecha que volverá algún día, invitado por sus amigos burgueños a comer un buen arroz con conejo bajo el frescor de La Fuensanta. Entre su cansancio y el alcohol una furtiva sombra alargada se desliza sin darle tiempo a seguirla. Pasos Largos anda por allí en su ronda vespertina.

2 comentarios:

  1. Muy bueno. Aunque no se si tu sabes que Gordillo está en la estela opuesta a los otros. Es menos o nada corrompible, por los datos que me dan desde hace años. eso independientemente de que se apoyen o no sus acciones.

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  2. Sin desmerecer su compromiso, pienso que es como los demás; puede que esto sea una impresión personal mediada por mi desencanto, pero el hecho de aceptar un escaño en un sistema que él mismo parece rechazar, haciéndose cómplice de políticas que critica ferozmente, me parece -cuando menos- una actitud incoherente, rayana en la "corrupción del sillón". De todas formas, estoy de acuerdo contigo en que es el menos malo.

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