sábado, 16 de noviembre de 2013

Enredados: crónica de un encuentro deseado

CRÓNICA DE UN ENCUENTRO DESEADO

Enredados

Héctor Muñoz. MÁLAGA


Profesionales de la Medicina y del Periodismo celebraron el pasado jueves en el salón de actos del Museo del Patrimonio Municipal (MUPAM), del Ayuntamiento de Málaga, una mesa redonda* sobre el protagonismo de las redes sociales en el ámbito sanitario.


Desde la segunda planta del MUPAM, a través de una esquina acristalada, Málaga se ofrece, nocturna y serena, para ser amada. A un lado, la plaza del antiguo Hospital Noble, la del General Torrijos, con su Fuente de las Tres Gracias; al otro la Casona Consistorial, los jardines de Puerta Oscura y La Coracha; entre ambos ángulos, el Paseo del Parque se pierde hacia La Marina bajo sus palmeras centenarias. En el interior del moderno edificio, las obras de arte y los documentos históricos expuestos dan paso a un coqueto y acogedor salón de actos en el que un cámara estudia el mejor encuadre para plasmar el evento al tiempo que van llegando los primeros asistentes. Unos minutos después de la hora prevista aparecen los ponentes, prestos a ocupar su lugar en la mesa que preside la estancia.

Arranca con la presentación del acto y del resto de ponentes el periodista, columnista del diario Sur, escritor y profesor de la UMA, Teodoro León Gross que, tras estos primeros acordes de cortesía, comienza a diseccionar el cuerpo del mensaje con el experto bisturí de su solvencia retórica: frente a la clásica ocupación del espacio público de debate ―citando a Jürgen Habermas― por los medios de comunicación convencionales, particularmente la prensa, las redes sociales están introduciendo un replanteamiento del campo y de las reglas de juego; frente a la vieja e ingenua idea de que los medios son el espejo que reflejan la realidad, el periodista habla de la construcción mediática de la misma, de la permanencia cotidiana de una agenda informativa de carácter oficialista que se aleja de aquella y la distorsiona, de forma que los resultados electorales y las tendencias políticas determinan el temario informativo. Sin negar que “ese control de la agenda por parte de los medios ha tenido efectos jerarquizadores muy positivos”, León Gross afirma que también tiene efectos perversos.
Destaca el profesor la escasa especialización de la prensa, particularmente la española, que, centrada en temas políticos y financieros predeterminados, ha arrinconado informativamente cuestiones médicas o educativas de interés general ―por poner dos ejemplos de especial relevancia. La progresiva “tabloidización” de la información ―en el sentido de popularización, sensacionalismo, abundancia de noticias ‘blandas’ e infoentretenimiento― ha derrotado, “en muchos aspectos, en otros no”, al buen periodismo. Al hilo de este discurso, señala la pobre presencia de la Medicina en el periodismo de calidad, limitada casi siempre a periodos de epidemias o a informaciones poco desarrolladas con ocasión de la concesión de los premios Nobel; por el contrario sí han gozado de mayor visibilidad las noticias sobre escándalos y supuestos errores sanitarios en la prensa sensacionalista.
Autocrítico, como siempre cabe esperar de cualquier profesional capacitado, León Gross explica a los cerca de sesenta asistentes cómo el entorno digital y las redes sociales han transformado significativamente este panorama mediático, no solo en clave tecnológica sino también, especialmente, en los contenidos, hasta el punto de plantear un desafío al periodismo y destapar las deficiencias de su oferta. Abierta la puerta a un espacio en tierra de nadie, las redes sociales han sabido ocuparlo para ofrecer nuevas y grandes posibilidades basadas en la inmediatez y la interactividad, usurpando parte del protagonismo clásico de los grandes medios en la confección de la agenda informativa.
En el caso de los blogs de temática médica ―asegura haber contabilizado unos cuatrocientos, con la certeza de que serán muchos más― considera que, a través de ellos y de las redes sociales, los profesionales de la Medicina pueden crear unos entornos dinámicos basados en la interacción y en el continuo intercambio de conocimientos, “un gran ágora” que favorezca la aparición de nuevas ideas y nuevos desafíos, técnicos y éticos, así como una mejor formación y un mayor beneficio para los pacientes, que también pueden participar ―ya lo hacen― en este proceso, acercándose a un profesional más humanista, como reclama en su libro Medicina Basada en el Humanismo ―citado por el periodista― el allí presente José Antonio Trujillo, médico de familia y exdirector del hospital Carlos Haya.
Ni apocalíptico ni integrado, o con ambos atributos a la vez, Teodoro León Gross advierte también de los riesgos de banalización, desinformación e intoxicación a partir de un uso sesgado de las redes sociales. Cerca ya del final de su intervención y antes de dar paso a la siguiente ponente, una molesta interrupción en forma de musiquita de llamada entrante en el móvil de algún asistente despistado, parece querer seguir reclamando la atención de la audiencia hacia las nuevas tecnologías, como si éstas, sintiéndose aludidas en su insaciable afán de protagonismo, asomaran la nariz para recordar a todos su invisible presencia; con una gota de ironía al definir el inoportuno politono como “buena música”, unas risas y un buen aplauso, acaba el columnista su disertación.


Toma la palabra Berta González de Vega Dávila, periodista de El Mundo, que comienza comentando su condición de hija, nieta y sobrina de médicos, y reivindica el interés que en temas médicos tiene el grupo Unidad Editorial que, además del diario El Mundo y su suplemento Salud, edita El Diario Médico.
Con menos tablas que su predecesor en la mesa, expone las grandes oportunidades que brindan las redes sociales y los grandes riesgos que entrañan, a su juicio, “si no tenéis escrúpulos”. Directamente: en las redes sociales abundan las informaciones médicas que dan falsas expectativas de curación, la publicidad engañosa y la venta de humo.
En la otra cara de la moneda, ofrecen la posibilidad de contactar profesionalmente con médicos de todo el mundo, mucho más allá del ámbito autonómico y nacional; defiende las redes sociales como herramientas de movilización y defensa de intereses laborales, citando como ejemplo la última huelga de los Médicos Internos Residentes (MIR), que “dieron una lección a sus hermanos mayores de cómo movilizarse y cómo conseguir sus objetivos”. En ese momento un tímido rumor, apenas perceptible, se infiltra en la sala: entre los asistentes hay algunos de esos ‘hermanos mayores’ que, a juicio de González de Vega, fueron aleccionados por los MIR.
Sin poder evitar aludir al siguiente ponente, periodista de un servicio oficial de comunicación, se muestra crítica con los gabinetes de prensa institucional, particularmente los del sistema sanitario público andaluz, a los que no siempre considera transparentes. Termina su intervención hablando en positivo sobre la telemedicina y denunciando la precariedad laboral que sufren los médicos, sobre todo los más jóvenes.

Jesús Espino González es el tercero y último de los periodistas intervinientes. Aunque algún asistente espera cierta polémica en respuesta a su compañera Berta, el actual Director de Comunicación del Ayuntamiento de Málaga irrumpe en la arena sin rastro de divisa en el morrillo.
Redes como parte de la realidad, virtuales pero reales, viene a decir Espino. En su opinión, los blogs sin las redes son ya “materia inerte”; hay que moverlos a través de ellas para alcanzar la audiencia deseada. Otorga especial relevancia a los perfiles y a la información personal que los usuarios comparten públicamente, que son, en su opinión, los principales responsables de su propia privacidad; receloso con el anonimato bajo el que se camuflan muchas personas que usan las redes sociales, recomienda prudencia y reflexión antes de abrir un perfil: saber qué es lo que se quiere al hacerlo. Advierte a las personas que no son médicos, que no jueguen a serlo por el hecho de leer en la red y de ciertos riesgos de una ‘consulta digital’.
Sin negar los defectos del periodismo de papel, le otorga un rol de ‘filtro’ por la obligada verificación de las noticias; pero ahora “nos encontramos [los periodistas] con una marea de contenido no verificado”, con tal volumen de información que es imposible de contrastar. “En España no hay 465.000 políticos”, afirma en alusión a un falso post que circuló tiempo atrás por internet, como paradigma de la desinformación en la red. Un asistente musita: “Hay más…”.
A veces le cuesta desligar el discurso de su cargo: recurre a ejemplos relacionados con su trabajo y distingue los errores de gestión de los de comunicación o cuenta cómo el ayuntamiento de Málaga abrió un perfil hace algún tiempo.
En la recta final de su intervención habla de contenidos periodísticos en internet y aprovecha para tirar de recámara: dispara los diez titulares de las diez noticias más leídas en la web de El Mundo.es unas horas antes: todas del rosa al amarillo. Y las miradas en la sala, de Espino a González de Vega.
Tras comentar positivamente la fuerza de los grupos de presión en las redes termina dejando en el aire algún ‘pero’ disfrazado de cita ajena. No ha sido un mal final.

El anfitrión del evento, y el último ponente, es cirujano del hospital Virgen del Rocío de Sevilla y del grupo Quirón, así como Director del Instituto Quirúrgico Andaluz; César Ramírez Plaza no tenía teléfono móvil ni cuenta de correo electrónico cuando empezó en 1995 su formación como MIR de cirugía general y digestiva en el Carlos Haya de Málaga. Con esta revelación explica la revolución que en el conocimiento médico han supuesto las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (NTIC) en los últimos quince o veinte años. Un discurso lleno de vivencias personales y alusiones a una parte de la Medicina que se llama cirugía.
En su opinión, las NTIC han sido el motor que ha permitido transformar la figura del médico en un profesional mucho más moderno en el plano técnico. Como el resto de ponentes, no duda de las grandes ventajas de las redes sociales, la blogosfera y la telemedicina, pero reconoce ciertas reticencias personales ante la idea de hacer medicina alejado del paciente; reivindica, casi vehementemente, la relación médico-paciente cercana, cómplice y confiada. Se plantea dudas respecto al uso particular de las NTIC frente al ojo del Gran Hermano Institucional por que pueda no gustarle lo que se escribe de él; reclama responsabilidad de todos en el uso de las redes, comenzando por los políticos, idea ésta que ilustra con el ejemplo de un tweet publicado por una consejera de la Junta, a su juicio impertinente en forma y contenido.
En el tramo final, invita a la audiencia a participar en las redes con ánimo constructivo, generar conocimiento en sana colaboración, transmitir experiencia para ampliar la formación profesional y, como meta obligada, mejorar día a día, sin descanso, la atención de los que padecen problemas de salud. Cierre y sutura.

Se abre el turno de debate. La audiencia ha estado atenta y esto es un síntoma de que algo tendrá que decir; por fortuna para aquellos que sufren con esos silencios colectivos que siguen a las exposiciones y afean a los ponentes ―a los que se les queda una cara de no saber, precisamente, cuál poner―, el vacío acústico no llega a durar diez segundos, gracias al varias veces mencionado en las intervenciones, José Antonio Trujillo, que aprovecha para felicitar a la mesa y agradecer su presencia.
Poco a poco se van viendo manos tímidamente alzadas; una más que aceptable participación y una excelente disposición de los periodistas en sus comentarios. A vueltas con los perfiles y con el debate ―tan antiguo como los chats y el correo electrónico― sobre el anonimato malintencionado y la siniestra navegación del trol de turno, el tema será recurrente en diferentes intervenciones de los asistentes.
González de Vega defiende apasionadamente las redes sociales como vehículo de contestación al poder ―sanitario en este caso― frente a su interesada opacidad. Para ella, para León Gross y para Espino las supuestas represalias serían inaceptables e indecentes en un sistema democrático, si bien el responsable de la comunicación del Ayuntamiento de Málaga apostilla, casi sin solución de continuidad: “Me parece que no es normal criticar [públicamente] a aquella empresa para la que trabajas”.
La telemedicina, que para muchos es una novia que tarda demasiado en llegar al altar, ocupa también su lugar entre las notas de escepticismo de César Ramírez, como cirujano, y la triunfal sinfonía del director médico del Hospital Serranía de Ronda que informa a la audiencia de la reciente y exitosa implantación del sistema en su área de influencia.
Por momentos, el curso de las intervenciones se desvía con anécdotas, experiencias personales y disquisiciones tecnológicas, a modo de tormenta de ideas o terapia grupal. Un asistente ―acaso informático― que se autodefine “bicho raro” por no ser ni médico ni periodista, sentencia que el mundo digital y las redes sociales han propiciado “el único cambio que ha habido en la historia de la humanidad que ha mutado el sistema de producción y el sistema de comunicación al mismo tiempo”. Interesante reflexión.
Más cosas: protección de datos y riesgos para la privacidad de los pacientes, asuntos a tener en cuenta frente a las ventajas tecnológicas; ‘canibalismo’ entre profesionales a través de las redes sociales, en forma de críticas furibundas y desautorizaciones infundadas como perversión deontológica en una suerte de charlatanismo digital: León Gross lo resuelve recordando que las NTIC solo generan nuevas plataformas de comunicación, pero “la ética médica y la actividad médica siguen siendo las mismas”. Tan simple como eso.
Antes de las despedidas aún quedan unos minutos para reclamar combatividad frente a los desmanes institucionales usando con rigor y respeto las plataformas digitales, particularmente los blogs, y poder traspasar el velo que no permite al ciudadano ver la gestión sanitaria. Para uno de los asistentes, el último en hablar, esa actitud es una obligación moral de los médicos, particularmente de aquellos con mayor estabilidad laboral, ya que la extrema precariedad de otros muchos supone, de facto, una mordaza que les previene de ser incluidos en las cifras de paro.

Un encuentro fértil, ameno y enriquecedor. Un encuentro necesario y deseado. Afuera la ciudad espera frotándose los ojos de sueño.




*MESA REDONDA: “MEDICINA Y SOCIEDAD. EL PROTAGONISMO DE LAS REDES SOCIALES”
  Organizada por el Instituto Quirúrgico de Andalucía y el grupo Quirón
   Málaga, 14 de noviembre de 2013


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