Harraga
HÉCTOR MUÑOZ.
MÁLAGA. SEPTIEMBRE. 2026
Ceuta no es española. Ni Melilla. Ni el Peñón de
Vélez de la Gomera, ni el de Alhucemas, ni las Chafarinas, ni Perejil. Es una
mala noticia para las miles de personas que se manifestaron el pasado día 2 de
septiembre a lo largo de toda la geografía española. Salieron a la calle con
sus banderitas españolas, convocados por el Partido Popular (PP) —escondido
tras una institución pública, la Federación Española de Municipios y Provincias
(FEMP), organismo que domina y preside— y apoyados por la extrema derecha
filonazi de Vox. El paso masivo de miles de africanos a través de la frontera
ceutí ha despertado las más bajas pasiones racistas de una buena parte de la
sociedad española. Este patriotismo sobrevenido está condicionado, principalmente,
por el pensamiento único que imponen los medios de comunicación. Una gran parte
de la ciudadanía se ha tragado el discurso de la invasión. Todos salen a
solidarizarse con los “invadidos”. Nadie recuerda a los más de 140 “invasores”
muertos. A Europa le van a caer encima más de 500.000 africanos desesperados. Ellos
cuentan con un potente sistema anclado en las redes sociales que incita a la
movilización, impulsándolos a intentar migraciones irregulares por el medio que
sea. En el fondo del asunto está el derecho humano fundamental de cualquier
persona a una vida digna. Es la Harraga.
La subcultura de la inmediatez, con lectura
única de titulares y videos cortos, provoca en parte
de la ciudadanía el espejismo de estar bien informada. Niveles culturales
aparte, asumen como verdadera una realidad creada por la propaganda y la
desinformación. Tanto es así, que se creen en posesión de la verdad, y los que
no están con ellos son enemigos sospechosos a los que, como mínimo, hay que
callar. La propaganda política necesita pocas palabras y una imagen; la verdad
necesita mucho más. Para comprender cualquier conflicto, el periodismo no
hipotecado ha de empezar sin ideas prefabricadas, trabajar duro para
documentarse concienzudamente y ofrecer al ciudadano contexto, antecedentes y
evolución del mismo.
La población indígena, original, del Norte de
África eran tribus bereberes. La expansión
islámica en los siglos VII y VIII alcanzó el territorio que hoy es Marruecos y
se produjeron dos fenómenos: los bereberes adoptaron el culto musulmán y se
produjo un mestizaje entre ambos pueblos. Los estudios sobre el ADN de los
ciudadanos marroquíes no dejan dudas: bereber y árabe. O sea, genoma
patrio…poco. En el declive de la etapa islámica en la Península Ibérica, las
monarquías empezaron a plantearse que había que controlar el Estrecho y las
costas de Africa.
En 1415, el
rey Juan I de
Portugal, sale victorioso de la batalla de Ceuta y conquista la ciudad. Es decir, Ceuta ni
siquiera fue plaza ganada por el Reino español. En 1497 —cinco
años después de la Toma de Granada— el duque de Medina Sidonia entra en Melilla sin resistencia alguna, y la
conquista para la Corona Hispánica. Ceuta estuvo 253 años
bajo la órbita portuguesa. En 1668, por el Tratado de Lisboa, se la regalaron a la
Corona española ¿Es soberano el Reino de España sobre Ceuta y Melilla? No, no
lo es
Ceuta y Melilla fueron dos plazas disputadas —entre finales del
siglo XVII y mediados del XIX— por
los sultanatos del norte de África y la Corona española. La pregunta es la
misma de hoy: ¿qué hacía España allí? Mientras tanto, las tribus del Rif —una zona montañosa y escarpada del norte
de África— tomaban conciencia de la ocupación y se levantaban contra los
invasores. En 1893 se produce la Primera Guerra del Rif entre las cabilas rifeñas y el Imperio
español. Un imperio que boqueaba ya. Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam se
perdieron militarmente o se vendieron en 1898 a la potencia emergente, los
EE.UU.
La Monarquía española puso sus esperanzas en
Alfonso XIII. Y así nos fue. Las ambiciones
colonialistas se centran en Marruecos. Francia y España se reparten el
territorio entre 1902 y 1904. Nos tocó el Rif. En 1906, en la Conferencia de
Algeciras, ambos países adquieren la obligación de crear sendos protectorados
sobre Marruecos. La repartición del territorio se firmará seis años después en
el Tratado de Fez. Mientras tanto, las cabilas rifeñas deciden combatir la
ocupación extranjera. El Rif era rico en hierro, un material deseado por todas
las potencias imperantes. Un buen negocio. En 1908 se crea la Compañía Española
de Minas del Rif. Los accionistas son miembros conocidos de la
aristocracia más patriótica: el Conde de
Romanones, el Marqués de
Comillas, el Conde de Güell, y hasta el mismísimo Alfonso
XIII.
Un año después, los rifeños matan a cuatro
trabajadores españoles de las minas. El Estado español
responde con la llamada a filas de los reservistas para librar una guerra. Los
hijos pudientes de la patria se libran de ir al infierno por 1.500 pesetas. En Barcelona,
la indignación de las mujeres y madres de los reclutas se convierte en un grito
contra la guerra y consiguen impedir algún embarque. Eso sí es patriotismo.
El 27 de julio de 1909, en el Barranco del
Lobo, los rifeños dan matarile a una tropa
española poco motivada, poco formada, mal armada y peor alimentada. Cayeron
como moscas. Las noticias no tardan en llegar a Barcelona. Comienza la Semana
Trágica. Pero esa es otra historia. Entre 1911 y 1912 el ejército español pelea
continuamente contra los rifeños. Militarizan a un elevado número de
marroquíes, con lo cual, se libran de potenciales enemigos y los tienen bajo
control, todo ello por un pequeño salario: se crean la Fuerzas Regulares. Ganan
batallas pero no consiguen acabar con las aspiraciones independentistas de los
legítimos dueños de aquellas tierras.
En 1912, mediante el Tratado de Fez, se
establecen los protectorados español y francés
sobre Marruecos. No hay ninguna diferencia con la colonización. En realidad es
una ocupación militar legitimada por la comunidad internacional. El Estado
español administra su parte mediante un Alto Comisariado militar, y explota
los recursos naturales —un
auténtico expolio—, mientras la población autóctona es arrinconada y
maltratada. Era la vieja idea imperialista que declaraba a los marroquíes medio
tontos. Gente inculta a la que había que proteger.
Se suceden muchas batallas contra los rifeños
y varios asedios de Ceuta y Melilla. Y llega la
Primera Guerra Mundial. La Monarquía española desatiende los asuntos norteafricanos.
Las cabilas rifeñas se unen al mando de la figura de Abd el-Krim, y proclaman
la República del RIF. Y en 1921 llega la masacre de Annual, en la que
mueren más de 11.000 soldados españoles, 2.500 de los cuales son marroquíes
asimilados. La crueldad de los rifeños no es menor que la de la posterior venganza
española: en las primeras fotografías de la época, la tropa patria exhibe, con
amplias sonrisas, las cabezas separadas de los troncos de los marroquíes
apresados. Se realizan bombardeos aéreos con bombas químicas contra la
población civil, en zocos y viviendas. La verdad es que no tienen muchos
motivos para querernos.
En 1923, el general Primo de Rivera proclama en
Barcelona una dictadura militar, con el visto
bueno del infame Alfonso XIII. Así, impiden que salga a la luz el Expediente Picasso, elaborado
por el general Juan Picasso, y en el que se revelan la corrupción y todas las trapacerías
del ejército español en Marruecos, principalmente de sus oficiales. Dos años
después, 1925, se produce el desembarco conjunto hispano-francés de Alhucemas,
con buques, tanques y apoyo aéreo masivo, que acaba con la República del Rif, y
prácticamente con las guerras rifeñas a gran escala.
Marruecos se convierte en la plataforma ideal para
un grupo de militares que consiguen ascensos rápidos en
comparación con los peninsulares. Son los africanistas: allí están
todos los cabecillas que lideraron el golpe de estado que originó la Guerra
Civil y acabó con la Segunda República española: Franco, Sanjurjo, Mola, Queipo
de Llano y el fundador de la Legión, Millán-Astray, entre otros. Lo mejor de
cada casa. En 1957, Marruecos alcanza su independencia pero las plazas de Ceuta
y Melilla seguirán siendo “españolas”. Desde entonces, el reino alauita no ha
dejado de reivindicar su soberanía sobre ellas.
En la actualidad, Ceuta y Melilla son dos
plazas militares del Reino de España en el norte de
África. En 1995 son declaradas “ciudades autónomas”, una burda maniobra
institucional para tapar la historia colonial y ofrecer una mayor credibilidad
internacional. Pero ocurre que la realidad es muy tozuda: Ceuta y Melilla son
dos restos coloniales armados militarmente hasta los dientes.
Según Luis Feliu
Bernárdez, exgeneral de brigada, estudioso y experto en el tema, la estructura militar de
Ceuta, por ejemplo, consiste en una
Comandancia General con un general de división al frente de: un Batallón del
Cuartel General, un Grupo de Regulares, el Segundo Tercio de la Legión, los
regimientos de Caballería Montesa, Mixto de Artillería y el de Ingenieros, así
como una Unidad Logística. En Melilla, tres cuartos de lo mismo. Esta es la
situación habitual y cotidiana. Si hay problemas llegan refuerzos peninsulares,
como ha ocurrido en la reciente crisis ceutí.
Ceuta y Melilla ocupan una pequeña
extensión de territorio. Entre ambas
suman 32 km2, menos que muchos pequeños pueblecitos de toda la
geografía española. Las cifras demográficas son muy parecidas en ambas
ciudades. La actualidad impone ahora el análisis demográfico y sociológico de
Ceuta. Para no ser exhaustivo con datos, comprobados y oficiales, la
situación de Ceuta puede resumirse en números redondos: un 55% de los 83.000
habitantes son españoles de nacimiento. La mayoría son militares, bien sean los que
están en activo, jugando a los soldaditos de plomo y quizás soñando con dar la
vida algún día por su Patria —para
orgullo y admiración de sus respectivas
familias—, o bien,
oficiales jubilados hace años, con sus mujeres, hijos, nueras, yernos, nietos, sobrinos
y biznietos.
Tales militares
creen en su pureza de sangre porque son descendientes lejanos de aquellos ingenios
castrenses que provocaron más de 60.000 muertos españoles y unos 90.000
rifeños. En Ceuta es difícil que el peluquero o la dueña de un club de
submarinismo no tengan una prima o un primo, que no estén emparentados con un
militar. Suelen comportarse como castas por encima de la atorrante plebe moruna.
Da gusto verlos tan familiares, con sus barbacoas de panceta y chorizo, los
domingos, después de misa. El abuelo es coronel de artillería retirado. Tiene
una paga bruta de 51.000 pavos anuales, más bonificaciones fiscales; ya
no me sorprende que gane más el que mata o hiere que el que cura, alivia o
mejora a sus víctimas. Pero bueno, al menos, el viejo coronel, curtido en la
guerra —o en un oscuro despacho de intendencia—, tiene de sobra para pagar a Jamila,
la marroquí que limpia su casa, y a Karim, un genio del desierto que ha
convertido el jardín del señor en un pequeño Generalife.
Ni todos somos
Ceuta ni todos estamos con Ceuta. Son eslóganes de la ultra-extrema derecha española —muy
manidos ya y escasos de originalidad, por cierto—. A Feijoo no le sentó nada
bien aquel paseíto en el yate de un narco. Debería buscar otro camello porque
está trastornado. Abascal no da mucho más de sí; a ver si van a ser los
andrógenos que se mete. Estos dos vieron la ocasión perfecta para intentar dar
el golpe de gracia a Pedro Sánchez. Y salieron miles de fans a las calles; unos
eran fascistas de verdad y el resto un rebaño sumiso y engañado. ¿A quién
salisteis a defender el 2 de septiembre pasado, insensatos? ¿A los militares,
que se defienden solitos de maravilla? ¿A una casta que lleva siglos acumulando
privilegios? Una pista: en las elecciones de 2023 a la Asamblea de Ceuta, PP y Vox
sumaron el 55% de los votos emitidos. Ha debido ser muy traumático, a la par que
molesto, tener que presenciar africanos por las calles de Ceuta. ¡Qué
contrariedad! Con Santiago Matamoros y cierra España, estas cosas no pasaban.
En la Península
os machacan a impuestos; vosotros
os manifestáis patriohorteramente, y casi perdéis el culo por héroes de tergal con beneficios fiscales indecentes: deducción
del 60% en el IRPF. No hay IVA (en su lugar existe el IPSI, entre el 0,5% y el
4%. Bonificación en el Impuesto sobre el Patrimonio del 75%. Exentos del
impuesto sobre Grandes Fortunas. Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones:
bonificaciones fiscales que pueden alcanzar hasta el 99% en las herencias. 50%
de bonificación en el Impuesto sobre Sociedades. Las empresas tributan a la
mitad, 12,5%. 50% de descuento en la cuota de Autónomos. Sectores digitales:
tributan a un tipo súper reducido de IPSI de solo el 0,5%. Esto es lo que
estáis defendiendo.
Ceuta y Melilla no son
españolas: son dos polvorines en terreno marroquí, mantenidos para reventar el norte de África
cuando el orgullo de vuestra Madre Patria se halle amenazado por las avalanchas
humanas que, sin lugar a dudas, van a llegar. Los que salisteis a manifestaros —ejerciendo vuestro legítimo derecho— porque “todos eráis Ceuta”, en Madrid, Valencia,
Zaragoza, Málaga, Barcelona y muchas más… No tuvisteis una sola palabra para los
141 africanos muertos en esta crisis migratoria. Cuando esto ocurre, es
porque la crueldad, la indiferencia, la insolidaridad, el etnocentrismo y la
xenofobia se han instalado para pudrir la sociedad. ¿Por qué no os vais a Ceuta
para apalear africanos y gozar de vuestra particular noche de los cristales
rotos?
El
45% restante de la población de Ceuta no es nacida en España. Los marroquíes son abrumadoramente mayoritarios.
El 5% son residentes en Ceuta. Si descontamos la comunidad china (2.5%), más
del 37% de los marroquíes de Ceuta son nacionalizados españoles. En toda
España, desde 2018 hasta 2023, más de 237.000 han adquirido la nacionalidad
española, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Para
mayor escarnio de tanto patriota hispano, ahora llega el bombazo: se estima que
el 43% de
los ceutíes son ya musulmanes.
Ceuta
está experimentando un giro demográfico,
como otras muchas ciudades españolas, aunque la cercanía de Marruecos acelera su
proceso. Otros factores son la alta tasa de natalidad de las familias
marroquís, frente a la baja natalidad española, y por último, el factor
“salida”. El Informe 24 del Observatorio Demográfico CEU CEFAS señala que hay una fuga continua de
población nacida en España. Desde 2015, las estadísticas muestran
mermas significativas de españoles autóctonos en casi todos los grupos de edad.
Parece que la “marroquinización”
de Ceuta es imparable. Quizá sea la definitiva solución de este problema.
¿Por qué afirmo que Ceuta y Melilla no son
españolas y solo
son dos colonias que hay que devolver a su dueño legítimo, el Reino de
Marruecos? La primera razón es obvia: geográficamente están en su territorio.
¿Qué dirían los gallegos o los almerienses si les colonizaran Finisterre o el
Cabo de Gata? La segunda también es clara: los
marroquíes son el pueblo originario de esas tierras. Es cuestión de
ADN. La tercera es histórica: desde la Edad Media, bereberes, rifeños y árabes
han luchado por su territorio y se ha derramado mucha sangre. Ceuta fue 253
años portuguesa; melilla un día era rifeña, otro árabe, otro española, francesa,
turca… Los asedios y las ocupaciones se sucedían endiabladamente en ambas
ciudades ¿Cuál es el criterio para decidir que son españolas y no francesas,
por ejemplo?
La cuarta razón no está en el
diccionario de estos patriotas de pitiminí: la razón moral y ética. Siglos de
dominación, humillación, racismo, esclavitud, robos, expolios y muertes. Muchas
muertes. Tienen todo el derecho a una reparación. La quinta razón parte del desdeño que siento por el relato
español, y de otros, que pretende asentar la soberanía española en base a la
firma de algún tratado. Ofenden el entendimiento: ¿alguien podrá citar un solo
tratado entre potencias que se haya cumplido al pie de la letra? Ahí están los
ejemplos de Trump y Putin. En cuanto a las consideraciones de la ONU en este
asunto, ¿qué decir de un organismo inservible que se encuentra atado y abusado
por las cinco potencias de su Consejo de Seguridad Permanente?
La esclavitud siempre fue un buen negocio. Y lo sigue siendo. Es el caso de las porteadoras marroquíes
—y cada
vez el de más porteadores—, que pasan la frontera cargando fardos de 60 kilos
ante la mirada permisiva de la Guardia Civil. Aunque Ceuta cerró la frontera
para estos menesteres, en Melilla ocurre diariamente. Allí, buena parte de la economía
local gira en torno al comercio de productos de segunda mano que cruzan la
frontera hacia Marruecos como “equipajes de mano”, sin impuestos ni aranceles,
transportados a pie por esclavos del
siglo XXI. Las
empresas de Melilla compran en Europa y Asia ropa y enseres usados, productos
tecnológicos de segunda mano, herramientas, y muchas cosas más, que venden a
otras empresas de Marruecos. Para que esas mercancías lleguen a su destino, día
tras día, las porteadoras cargan bultos que pueden superar los 60 kilos.
Esta forma de comercio —en realidad, contrabando— se realiza en condiciones
extremadamente duras, y permite que los productos crucen la frontera sin impuestos
ni aranceles, siempre que sean llevados a hombros. Representa una fuente de
ingresos clave para muchas familias marroquíes, aunque la retribución que
reciben es humillante: haciendo dos
portes diarios, una mujer puede obtener 300 euros en un mes. Cuando
los pasos fronterizos se cierran, la actividad se detiene por completo,
provocando un clima de incertidumbre, tensión y preocupación. Todo esto ocurre
dentro de las fronteras de Europa. Dirigentes del ayuntamiento de Melilla,
reconocen ingresos municipales de 300 millones de euros mensuales a costa de
este contrabando.
Otra manera de supremacismo español es la de los “trabajadores marroquíes
transfronterizos”. Son
ciudadanos marroquíes, mayoritariamente mujeres, que trabajan en las ciudades
autónomas de Ceuta y Melilla y regresan diariamente a su país de residencia, generalmente Marruecos. Utilizan la autorización "F", de
trabajador fronterizo, que permite entrar a Ceuta o Melilla sin pernoctar en
España. La gran mayoría de estos permisos se destinan al sector del trabajo
doméstico, seguido por la construcción y la hostelería. Es decir, son la
morita criada, la morita chacha para todo, el morito albañil y el morito
botones.
¿Qué ha pasado en Ceuta desde el 30 de julio de
2026? Durante esos
días se cuelan más de 50.000 africanos por la frontera del Tarajal, entre Ceuta
y Marruecos, entre África y la Unión Europea (UE). No solo son marroquíes,
huyendo del régimen alauita; hay migrantes de Sudán, Malí, Senegal, Guinea y
otros. Todos tienen dos denominadores comunes: proceden de países que vulneran
sistemáticamente los Derechos Humanos, y todos sueñan
con una vida mejor, asentada en la dignidad y en el trabajo.
Llegados a este punto es urgente aclarar dos
conceptos fundamentales: ni invasión, ni ilegales. No ha habido invasión alguna: se
invade un país para tomar su control cuando se tienen armas y un ejercito organizado.
Los africanos han traspasado una frontera y han ocupado el único espacio
público que podían ocupar: la calle y las playas. Sin armas. Ha habido
más policías heridos en las agresiones nazis de las manifestaciones peninsulares
que en Ceuta. Los únicos muertos, de momento, son más de 140
migrantes, de los que nadie quiere saber nada.
El otro concepto principal, que deberían enseñar
a todos los niños en la escuela, es que, jurídicamente, no existe una sola
persona que sea ilegal. Llámenle como quieran, pero no existen
personas ilegales. Pueden ser ilegales los hechos, los actos y
las cosas, pero no las personas. De lo contrario podrían ser ilegales, por
ejemplo, Donald Trump, Felipe VI o Mohamed VI… y tantos más. Para estos hay
otro nombre: delincuentes.
Aunque la mitad de los migrantes que
pasaron El Tarajal regresaron a Marruecos al día siguiente, el Gobierno español ha enviado refuerzos
a todas las fuerzas uniformadas que están allí permanentemente, que no son pocas,
como ya vimos. 3.000 militares, otros 1.300 dedicados a la logística, 955
guardias civiles, 922 policías nacionales, 1.000 soldados entre legionarios y
regulares y el apoyo de la Armada Española. Hay más guardias que migrantes.
¿Y qué decir de los artistas invitados? La UE dice que “hay que
reforzar nuestras fronteras, sobre todo en los puntos críticos”. Algunos países
europeos, normalmente con gobiernos radicales de derecha, han negado el espacio
Schengen para los ciudadanos españolas que quieran circular libremente por los
países de la UE. Marruecos continúa reivindicando su soberanía sobre Ceuta y
Melilla. Mohamed VI tiene buenos aliados. Por un lado, el Gobierno de Israel, y
por otro, Donald Trump. No es que el presidente de los EE.UU. quiera redimirse
ante la opinión pública de haber destrozado miles de familias latinoamericanas.
Es que Marruecos representa una buena posición geoestratégica y un montón de
buenos negocios para los magnates yanquis.
Nos han
atrapado en un debate público basado en la mentira. Un debate
perfectamente diseñado para desinformar y reclutar voluntades. Una propaganda
negra, en la cual, ni el emisor ni el mensaje son verdaderos. Los medios de
comunicación de masas, y sus periodistas, están atrapados en la bolsa de
valores. Están dirigidos por imperios empresariales y no pueden contar la
verdad. Entre otras cosas, porque los hijos de los periodistas también comen y
van a la Universidad.
Detrás de ese opaco
telón tejido por los desinformadores se adivinan las chisteras y los
puros decimonónicos. Mas tarde o temprano, la libertad y la justicia social
brillarán bajo un sol espléndido sobre las calles ensangrentadas. En Ceuta y Melilla
ya ha comenzado este proceso. Marchad de los territorios robados, ahora que
estáis a tiempo. La Harraga ha llegado■

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