¡Eh!
¿Quién anda ahí?
HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA
No
quiero caer en tópicos. Sólo deseo hacer una oda a Tabletom. A la banda, a sus
bandas. A sus tres inmortales, voz, vientos y cuerda. Al violín en Zero Zero.
Al bajo sin trastes. Al batería loco. Al saxo de Denis. A ese Lito desmesurado.
Lo
tengo jodido. Evitar topicazos que no se hayan leído ya es muy complicado. Y
más aún teniendo en cuenta que escribo sobre casi treinta años de mi vida. Prácticamente
imposible, pero voy a intentarlo.
Me
refiero al grupo de Rock and Roll que lo más típico que tiene es su pescaíto
frito, la Casa El Guardia y el Guadalmedina, ese rio, casi siempre seco, en el
que libré mil batallas cuando todavía nos dejaban jugar a la pelota. “Se
interna, centra y…gol”
Sala
Vivero, hace no mucho. Mis manos apoyadas en la madera del escenario. Siento,
en mis huesos y en todo mi cuerpo, la vibración de los vatios. Admiro, una vez
más, la puesta en escena de Perico, erguido en trance sobre los que tenemos la
suerte de estar allí. Regala notas, trastes, música, rock, arte e infinita
paciencia con el vocalista, un tal Roberto, alma que se entrega y se distrae.
Los duendes y los genios tienen estas cosas…
Y
ese Pepillo, más serio, como siempre, pero también paciente. ¡Qué manera de
derrochar sinfonía y gusto exquisito!
¡Ay,
me va a matar el Rock and Roll!
Me mata esta banda, me matan el bajista, el batería, las teclas y los otros vientos. Me matan todos, de buena música, de graves, agudos y letras; de gusto, de historia, de sentimientos, cariño, nostalgia y respeto.
Me mata esta banda, me matan el bajista, el batería, las teclas y los otros vientos. Me matan todos, de buena música, de graves, agudos y letras; de gusto, de historia, de sentimientos, cariño, nostalgia y respeto.
Uno
no puede evitar rememorar aquel pedregal infame en el que nos metían para poder
verlos en la antigua feria de Málaga, con los grises dando vueltas alrededor. Por
si las moscas. Los rockeros siempre fuimos bultos sospechosos. Ni aquel garito
de la Misericordia, atascado de humo, de buen humo. Ni aquel concierto en Las
Palmeras, en el que tocaban como teloneros de un grupo estrella, al que
terminamos pitando para que se fueran. Nada personal: solo queríamos más
Tabletom. Y más, y más…
Auténticos
y únicos. Hoy más que nunca quiero quereros, quiero admiraros. Hoy más que
nunca deseo deciros que no os pido nada más porque ya me lo habéis dado todo.
Tengo al lelo Pío-Pío, al pájaro Cucú, a Paco, al vampiro y al Coyote. Tengo
7000 kilos de Rock, 7000 kilos de Tabletom, hasta la parte chunga, al espía de
la KGB, las vacas del pueblo, mimosas y acacias. Llevo en mi corazón a Gloria y
a la niña que voló.
Gracias,
amigos, por dejarme seguir en las nubes. Hasta siempre.
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