HÉCTOR
MUÑOZ. MÁLAGA
martes, 9 de junio de 2015
viernes, 5 de junio de 2015
jueves, 28 de mayo de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
Jerarquía artificial
Mandones
Héctor Muñoz. Málaga
No se sabe a ciencia cierta qué diantres le ocurre al ser
humano cuando tiene la oportunidad de ocupar un cargo. Al menos, el que escribe
no lo sabe. Igual hay teorías contrastadas que explican el hecho, pero
disculparán los lectores del blog que este artículo no esté acompañado de la
documentación pertinente.
Viene esto al cuento del discurso de investidura de Susana
Díaz en el día de hoy. Puede resumirse en una sola frase: quiero ser
presidenta. Un buen titular. Quiero ser presidenta.
Hay gente a la que le gusta mandar; a ver, incluso aunque
no manden nada. Pero es relevante que parezca que mandan. Cuando esto ocurre en
una peña de petanca el asunto puede ser grave si hay más de un gallo o gallina
en el corral. Que las bolas las carga el diablo. El caso de Díaz es
paradigmático: da miedo tanta ambición. A una mujer que, de la nada, consigue
ser presidenta en dos ocasiones, y las
dos por la puerta de incendios, pocos escrúpulos, por no decir ninguno, le
impedirán mantener el cargo así se hunda el cielo.
Que nadie se equivoque: Susana no es socialista. Es
del partido, eso sí. No tiene otra
ambición que ser presidenta. No tiene entrañas: vendió a IU y ahora ha vendido
a Griñán y a Chaves. Y venderá su alma al mismísimo Lucifer si se tercia. Será
un mandato, el suyo, de mentiras y juegos de azar. Es joven y se ve con fuerzas
para varias décadas. No tiene ninguna preparación y no representa a Andalucía.
Susana Díaz solo tiene muchas horas de asambleas y un buen gabinete de comunicación
que, por el momento, le saca las castañas del fuego.
Es de esperar que los partidos de la oposición no se hayan
creído sus promesas; como es de esperar que no hagan como que se las creen,
aunque es de temer que este sea el resultado final. Todo sea por la gobernabilidad.
En cualquier caso, al ciudadano común le afecta mucho más
esa otra administración paralela que estos innombrables han sabido crear con
sublime magisterio. Los hospitales, por ejemplo, no están gobernados ni por
Susana Díaz ni por la Consejería. Lo
están por capos del sistema. Capos a los que solamente se les pide que rindan
cuentas; las cuentas pactadas.
Un sistema de poder basado en la sumisión y en un ejército
de pelotas; una red de intereses cimentada, en gran parte, en la inseguridad
laboral de muchos. No se entiende, de otra forma, que chavales que anteayer
eran aprendices, hoy sean jefes y ocupen cargos tan destacados dentro de la
dirección de unas instituciones tan mastodónticas, sin tener siquiera una plaza
en el sistema. No tienen ascendiente jerárquico ni sobre sus secretarias, que
les sacan lustros de cotización a la seguridad social. Aquí hay algo que no
termina de cuadrar.
También están, por supuesto, aquellos a los que, sin tener
penurias contractuales, les va la marcha: son susanitos y susanitas que
compaginan perfectamente la presidencia de su comunidad de vecinos con la
jefatura de cualquier servicio público. A éstos, una vez que se agarran al
cargo, no los sacan si no es a golpe de espátula o por motivo de ascenso.
La realidad es muy tozuda y se empeña en emerger cuando
quieren hundirla bajo el agua. Ella sola se defiende, precisamente por ser
real, pero si necesita ayuda, aquí estaremos.
lunes, 13 de abril de 2015
Malditos trileros
Golpe rápido… y bajo
Héctor Muñoz. Málaga
Tras las elecciones andaluzas, la Dirección del hospital
Carlos Haya de Málaga ha decidido alterar la jornada laboral de los médicos
contratados en el servicio de urgencias, con la única finalidad de recortar sus
ingresos.
Consumado. Les han cambiado la
jornada, solamente los días laborables que están de guardia. Desde el 1 de
abril hacen el mismo trabajo durante esas horas, el de siempre, pero les pagan
entre 200 y 500 euros menos al mes, según los cálculos más optimistas. Abracadabra.
Según Pedro Rodríguez, jefe
clínico de dicho servicio, tal medida le fue comunicada por el subdirector de
personal y desarrollo profesional, Ramón Porras(1), en la semana siguiente a las
recientes elecciones andaluzas, por lo que ha sido necesario reestructurar la organización programada con anterioridad.
Una vez más, el desprecio más absoluto por los médicos de urgencias. Una vez más, el valor de la responsabilidad y el del tremendo desgaste que supone ese trabajo, depreciado como si fuera un bono basura. Una vez más, muestran interés por los enfermos cuando hay una foto interesante o un hito tecnológico que impúdicamente se atribuyen; una medallita más para lucir, para medrar, para disfrazar la realidad.
A finales de enero, en periodo
preelectoral, Susana Díaz anunció que a partir del 1 de marzo iba a convertir
los contratos de los 8.500 eventuales a tiempo parcial (75%) del Servicio
Andaluz de Salud (SAS), en contratos a tiempo completo (100%), como les había
prometido.(2)
Así ha sido durante un mes para estos médicos de urgencias del hospital
malagueño. Pero tras la victoria del PSOE, y antes siquiera de que se
constituya el nuevo gobierno andaluz, los recortes, los de Díaz en este caso,
han resucitado en plena Semana de Pasión y no vestidos de nazarenos, precisamente,
más tan siniestros como sus figuras.
Según la fuente citada, no existe
documento escrito que avale una decisión tan drástica: la explicación oficiosa
es que se trata de un mal menor para conservar los puestos de trabajo. Todo se
mueve a nivel verbal. El asunto pinta mal. No solo por
el fondo (atentado laboral y ciudadano), sino por la forma: sin aviso, sin
papeles y “esto es lo que hay”; una escena más propia del siglo XIX que de ese
particular “estado del bienestar” que venden por papeletas.
A esto, en la jerga pugilística, podrían
llamarle un jab: un puñetazo veloz y directo, a veces un golpe de engaño
para otra acción posterior. Un golpe rápido… y bajo.
sábado, 21 de marzo de 2015
Reflexiones de última hora
¿Podremos?
HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA
Que
nadie se lleve a engaño. El lunes 23,
a las siete y media de la mañana, el andaluz despertará
del dulce sueño de las promesas electorales de Susana y Moreno o de la pesadilla
de llevar meses soportando el peso del hormigón con el que están hechos sus
caretos. O lo que es más verosímil: de ambas cosas a la vez.
Que
nadie se engañe: el lunes 23 los mezquinos de arriba seguirán pisando a los
miserables de abajo. Con tiernas palabras y sonrisa compasiva. Con las excusas
de siempre y las botas de acero, las de diario. El parado, al paro. El
desahuciado a buscarse la vida. Los profesionales, al olvido. La cultura a la
televisión. Los libros al cajón. La ciencia al cuarto oscuro para seguir siendo
lascivamente abusada por políticos, expertos de mierda y grandes corporaciones.
La información, a un viento solo interesado en soplar siempre en la misma
dirección. La justicia a la cápsula del tiempo. La libertad a la Constitución. La
dignidad… al carajo.
Se acabó la fiesta, como dice Serrat: “La zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal”.
Que nadie se equivoque: el lunes 23 abrirán las bolsas y madrugarán los especuladores. Los mismos ineptos gestionarán hospitales y centros de enseñanza públicos, a lo mejor con traje limpio y nuevo pin en la solapa, pero con las uñas negras de trepar por la inmundicia, agarrarse al asfalto o arrastrarse por la mugre de los despachos.
Que nadie se equivoque: el lunes 23 abrirán las bolsas y madrugarán los especuladores. Los mismos ineptos gestionarán hospitales y centros de enseñanza públicos, a lo mejor con traje limpio y nuevo pin en la solapa, pero con las uñas negras de trepar por la inmundicia, agarrarse al asfalto o arrastrarse por la mugre de los despachos.
Desde
este blog se ha defendido la abstención ―y se defiende― como un derecho tan
respetable como el de votar[1]. La élite
mediática, aliada con la financiera y la política, se ha ocupado todos estos
años de reducir este fenómeno ―estadísticamente relevante― a una cifra
anecdótica que solo se menciona, y de soslayo, en los resultados electorales;
pocos análisis serios y desinteresados se han dedicado a esa minoría
aplastante de ciudadanos hartos de este sistema sucio, podrido, caduco
y acomodado.
Pudiera
ser que mañana estos desengañados ―muchos desde el 82― se liaran la manta a la
cabeza y se plantaran en su colegio electoral para votar a los que nunca han
estado y para echar sin paliativos a los hampones que han colonizado la
administración durante tantos años, desde San Telmo al último despacho del
rincón más perdido de la geografía andaluza.
Porque
peor, imposible: Andalucía está a la cola de Europa en empleo, la Junta está marcada por la
corrupción, maltrata y malpaga a sus abogados del turno de oficio, a sus
médicos y a otros muchos profesionales con responsabilidades imprescindibles
para que los valores constitucionales aspiren a ser algo más que letra impresa.
Mañana
la minoría
aplastante puede cambiar el rumbo, o al menos intentarlo, incluso
asumiendo el riesgo de volver a ser engañada. Ya no importa tanto por los que
puedan llegar ―entre los que, por cierto, hay gente muy preparada y desde luego
mucho más que la Díaz
o el Moreno― como por que se vaya de una jodida vez esta grey de babosas y
pisaverdes que solo saben colocarse en la foto y acopiar puntos para escalar en
su carrera política. Poder, se puede.
¿Podremos?
lunes, 26 de enero de 2015
Una de risas
Pantuflogate
HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA
El
pasado sábado 24 el programa de debate político, laSexta noche, emitía
en directo una entrevista al líder de Podemos, Pablo Iglesias. Entre los
participantes del debate se hallaba ―cómo no― Eduardo Inda, exdirector del
diario El Mundo (edición de Baleares) y del periódico deportivo Marca.
Inda, vinculado a la derecha política española y al Real Madrid, suele ser un
tertuliano contrario y crítico con el ideario del nuevo partido Podemos y, muy
particularmente, con Pablo Iglesias, su Secretario General. Iglesias desveló un
dato que su contrincante no desmintió: a Eduardo Inda le llaman Don Pantuflo.
Don Pantuflo Zapatilla es el padre de Zipi y Zape, esos entrañables
personajes de las historietas de Escobar; un estirado “catedrático de
Filatelia, Numismática y Colombofilia”.
La sociedad española está aturdida. ¿Quién llama así a Don Eduardo?
¿Los de El Mundo? ¿En el Marca? ¿Por qué Don Pantuflo? ¿Por las
patillas? ¿Por el chaqué? ¿Por su estirada pose? Nadie lo sabe a día de hoy.
Bueno, Inda sí debe saberlo a juzgar por la cara que se le quedó. Y por la
misma razón, no le hace ni chispa de gracia. Pero es verdad: le llaman Don
Pantuflo. Je, je, je.
Y ¿cómo sabe El Coletas ―apodo asignado a Pablo Iglesias
por una cuestión que salta a la vista y que no parece molestarle, más bien al
contrario―, que al otro le llaman Pantuflo? Eso es lo que más debe joder a
Inda: que si Pablo sabe su íntimo mote, igual conoce muchas más cosas.
Inda es un tipo muy torpe: cada vez que se enfrenta
dialécticamente a Iglesias le llueven tortas del revés en toa la boca.
Una y otra vez. Es normal, porque no estudia, no se prepara, solo pone la mano
para cobrar sus apariciones televisivas. No se lo curra. Podemos tiene un filón
con Pantuflo. Perdón: Don Pantuflo. Pablo Iglesias es un tipo mucho mejor
preparado, salta a la vista. El otro es un pésimo periodista trasnochado cuyos
datos salen de los últimos titulares que lee.
Pantuflo: un torito sin casta, un vocero de la casta. Le iba mejor en los debates de fútbol
y le irá mejor en cualquier otra actividad que no suponga un esfuerzo
intelectual. Al Coletas hay que echarle un Miura, no un cabestro.
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