domingo, 30 de octubre de 2016

OPINIÓN: La traición del PSOE



El cáncer del PSOE se llama Susana

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA


La gran traición del PSOE acaba de consumarse. Con el apoyo brindado a la investidura de Rajoy, aquella honorable institución, nacida en 1879, no es hoy más que una grotesca sombra del partido que fundó Pablo Iglesias Posse hace 137 años.


Del primer Gobierno de Felipe González, apoyado por 202 diputados tras la espectacular victoria electoral de 1982, no queda ya ni una gota de ilusión. Ese potente motor de cambio —que lo fue— ha ido perdiendo caballos para terminar siendo un viejo carro tirado por torpes mulas.

Se veía venir. No es ninguna sorpresa, sobre todo para los andaluces, que los conocen mejor que nadie. Si han podido mantenerse al frente de la Junta ha sido por una red de subvenciones y una propaganda política —permanente, sistemática y concienzudamente orquestada— dirigida a inocular el miedo a perder las pensiones y subsidios de una significativa porción de su electorado. Los medios de comunicación públicos, particularmente la televisión de Canal Sur, secuestrados ideológicamente por el poder político, han terminado de hacer el trabajo sucio. Y aún así, han tenido que echar mano de C's —esta nueva derecha promiscua que se acuesta con cualquiera— para seguir gobernando en Andalucía.

En Madrid, más de lo mismo. Salvo honrosas excepciones —fácilmente amordazadas por el aparato— el PSOE es una banda de arlequines, reverentemente arrodillados frente a la oligarquía financiera y mediática. Tras una serie de espectáculos bochornosos deciden decapitar al pusilánime e incompetente Pedro Sánchez; ignoran y traicionan sin remordimientos a sus militantes e imponen la disciplina de voto para culminar esta gran felación política al PP. ¿Hay algo más antidemocrático?

En Ferraz tienen un cáncer, de nombre Susana. Al lado de ella, el también neoliberal Felipe González es tan solo una anécdota trasnochada, un quiste de grasa. Hace mucho tiempo que dejó de ser aquel buen estadista, por más que algunos se empeñen en atribuirle aún un peso que no tiene. Ambos coinciden con la derecha española —posiblemente entre las más reaccionarias de Europa y, con seguridad, la más corrupta— en sus furibundos ataques a las nuevas formaciones políticas que ya casi los adelantan por la izquierda. Esto no lo soportan porque saben que vienen para quedarse y ponerlos en evidencia, como de hecho ya ha ocurrido. Estas mulas son tan torpes que, por plegarse al dictado de Susana Díaz, han hecho a Rajoy presidente y a Pablo Iglesias Turrión —el enemigo común número uno— jefe de la oposición. De una sola tacada.


Caricatura de Luis Grañena



Con sus dos campañas electorales recientes, basadas más en la propaganda del miedo a los 'populismos' que en combatir y denunciar la gestión política del PP, lo único que han conseguido es darle a los populares 14 escaños más en solo seis meses. No se puede hacer peor. Ni que decir tiene que la supuesta amenaza de la llegada de los 'populistas' ha sido también el argumento estrella de la persuasión electoral del partido llamado, curiosamente, 'Popular'. Otra coincidencia.


Rivera, Arrimadas y Girauta, viendo un partido de la Roja.                                                                                                EFE


Merece la pena detenerse en este asunto del populismo. La profesora y politóloga británica, Margaret Canovan, afirma que es uno de los términos «menos precisos del vocabulario de las ciencias políticas». Efectivamente, lejos de ser un concepto claro, existe una amplia bibliografía académica en la que prestigiosos politólogos y analistas tratan de definir, delimitar y clasificar el fenómeno. El debate es extenso y está marcado con frecuencia por las diferentes posiciones ideológicas de los investigadores. El diccionario de la RAE lo define como la «tendencia política que pretende atraerse a las clases populares». Según esta sencilla acepción cabe deducir que el populismo y la política son consustanciales; no hay partido político que no pretenda contar con el mayor número de votantes.

El populismo, como significante, tomó un nuevo impulso a raíz de la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela. Las relaciones de algunos dirigentes de Podemos con diferentes instituciones bolivarianas y otros líderes latinoamericanos, ha sido la espoleta que necesitaban los partidos hegemónicos, PP y PSOE, así como los recién llegados de C's, para orquestar la propaganda del miedo, basada en un esquema muy simple: si en Venezuela gobiernan populistas y Podemos se relaciona con ellos, Podemos es populista; si el populismo ha llevado a Venezuela a un desastre social y económico, lo mismo ocurrirá si Podemos gobierna en España.





Una de las técnicas más conocidas de la propaganda política es la simplificación del mensaje. El ejemplo típico es el eslogan. Si se pretende que dicho mensaje sea lo más eficaz posible para persuadir a las masas, no debe encerrar ninguna complejidad. Susana Díaz, Rajoy y Rivera, al frente de sus partidos en campaña, han sabido simplificarlo y reducirlo al máximo: si votáis a Podemos, votáis el fin de España.

Dice Arturo Pérez-Reverte: «Cuando no hay cultura hacen falta etiquetas, si alguien no puede debatir, las necesita». Millones de españoles usan la etiqueta 'populista' sin tener ni zorra idea de lo que significa, entre otras cosas porque ni se lo han explicado, ni han tenido interés en enterarse. Ignoran dos cosas: una, que los están tomando por idiotas al inocularles la etiqueta, y dos, que los mayores populistas son, precisamente los que usan el término para el ataque político.



¿Acaso no son populistas las inauguraciones de Díaz, a bombo y platillo, de centros y aparatos sanitarios cuando la sanidad pública andaluza sufre los peores recortes de la democracia? ¿No es populismo prometer en campaña no tocar los impuestos, subirlos después y volverlos a bajar para las siguientes elecciones, como hizo Rajoy? ¿Y qué se puede decir de aquella imagen de Rivera, Girauta e Inés Arrimada, con camisetas de la Roja y en plena calle, embargados de fervor patriotero ante un partido de la Selección? Populismo, puro y duro. Y del más barato.






El PSOE ha tocado fondo en la segunda votación de investidura, en un proceso iniciado hace muchos años. Para salir del pozo tendrá que abandonar las posiciones reaccionarias a las que se ha apuntado, volver a su sitio natural, el del progresismo de izquierdas; plantar cara con valentía a los poderes fácticos y reconocer de una vez a los cinco millones de españoles que confían en Podemos y las confluencias.


Y sobre todo, deshacerse de Susana Díaz, el cáncer que lo consume.








sábado, 22 de octubre de 2016

Spiriman I



Spiriman I «el Audaz»

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Mucho antes de que sea tarde, me gustaría comentar el asunto de mi compañero Spiriman, el combativo médico de urgencias de Granada, que está rompiendo los moldes mediático-reivindicativos allá por donde pisa, bien sea de forma real o virtualmente.

Servidor lleva ya casi dos décadas escribiendo artículos cargados de concienzuda saña sobre las políticas sanitarias de la Junta de Andalucía, con mayor o menor acierto, y con mayor o menor grado retórico de mala leche, según los cambiantes ritmos hormonales y otros factores que no vienen al caso analizar en este preciso instante. Aunque El Vaso Canopo ha conseguido un apreciable nivel de penetración, sobre todo en el ámbito sanitario andaluz, sus resultados saltan a la vista: todo marcha cada vez peor. Como líder de opinión frente al aparato administrativo no se come uno un colín. Ni estudiando tercero de Periodismo. Nada, que ni por esas.



Jesús Candel  "Spiriman"                                                                                                                                                        Twitter

Contraria y paralelamente a este estrepitoso fracaso de las letras, surge, en fechas recientes, el fenómeno Spiriman. Se trata de Jesús Candel, médico de urgencias hospitalarias en el antiguo Reino nazarí de Granada. Harto como todos, Spiriman se ha tirado de cabeza a las redes sociales con material audiovisual propio, denunciando la desastrosa fusión hospitalaria que se está perpetrando en la ciudad andaluza, convertida desde hace muchos años en cabeza de puente e icono propagandístico de la Consejería de Salud, con sus diversas agencias y la jesuítica Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), auténtico vivero de tecnócratas de medio pelo, gestores de tres al cuarto y chivatos profesionales.
Candel arrasa en las redes sociales. Su vídeo publicado en Facebook supera ya las 250.000 reproducciones. El buscador de Google arroja 211.000 resultados al introducir en la búsqueda 'Jesús Candel Spiriman'. Su participación ha sido decisiva tanto en la convocatoria como en el resultado de la manifestación celebrada en Granada el pasado día 16, en contra de la fusión y reestructuración hospitalaria que la Junta ordenó comenzar este verano, aprovechando las vacaciones del personal, una alevosa maniobra que es ya todo un clásico entre la larga lista de pillerías a las que nos tienen acostumbrados los cipayos de Susana Díaz. Según el diario El Ideal de Granada, más de 40.000 personas salieron a las calles para protestar por el estropicio provocado por las lumbreras de la Consejería de Salud.



Manifestación en Granada contra la fusión hospitalaria. 16 octubre 2016.                                                                          EFE

«Hoy me cago en la madre que os parió». Así termina Spiriman uno de sus vídeos, refiriéndose a los responsables sanitarios. Le echa un par de huevos y no se corta un pelo. No tiene miedo este médico de 40 años, con un contrato eventual en el Servicio de urgencias del hospital Ruiz de Alda de Granada. Con un aspecto jovial, barba cerrada, gafas de sol y gorra a lo Che Guevara, Candel tampoco ahorra críticas para el propio colectivo médico: «Estoy hasta las narices, estoy cansado de tanto chupatintero que existe en mi profesión, y de tanta gente que se calla y guarda silencio».



VÍDEO: Fusión o destrucción (Spiriman)

A pesar de que goza de bastante aprecio en su tierra y, sobre todo, entre los colectivos que defienden una sanidad pública de calidad, Jesús no está bien valorado por determinados grupos de profesionales de la Medicina, principalmente facultativos. Las razones para ello pueden ser los ataques abiertos que dedica a los que considera indolentes y acomodados, y su look progre, que muchos estereotipan asimilándolo a militantes y simpatizantes de Podemos, una formación política que provoca el rechazo frontal y una antipatía casi patológica en una gran mayoría de médicos que aún no han terminado de digerir ni las coletas ni las rastas que adornan las testas de algunos de los nuevos políticos elegidos democráticamente.
Sin embargo, en una entrevista concedida al diario digital El Confidencial, Candel niega vinculación a partido alguno y arremete inmisericordemente contra todos ellos, incluido el partido de Pablo Iglesias y a este mismo. Lo que sí parece claro y predecible, es que Spiriman no cae en gracia ni a Susana Díaz, ni al consejero Aquilino Alonso, ni a otros muchos gestores sanitarios de Andalucía. Les ha salido un doloroso forúnculo allí donde los intestinos pierden toda la nobleza. Que se ande con buen ojo el valiente galeno, porque aquéllos son de los que las guardan; y si no se la dan a la entrada, lo van esperar a la salida. Los que conocemos el paño albergamos pocas dudas de tal posibilidad.
Todas las movilizaciones y las presiones ejercidas desde las redes sociales durante el pasado verano han terminado dando algún fruto, con el empuje final de Jesús Candel. La propia presidenta Díaz, alejada de su proverbial soberbia y chulería, ha reconocido unos errores por los que ha pedido públicas disculpas, según informa El Ideal de Granada. Pero lo que es más interesante aún es que en los Presupuestos de la Junta para 2017 se incrementa el gasto sanitario un 5,5%, lo que supone 440 millones de euros más que en 2016. Claro, que el problema llegará cuando los cuartos caigan en las zarpas de estos manirrotos incompetentes que, en las asignaciones concretas, buscarán antes las medallitas personales y la rentabilidad electoral del partido, que el bien general. Como siempre.
Los que llevamos años denunciando, peleando y dando la cara, seguiremos en las trincheras. Que nadie tema una derrota porque tenemos de nuestro lado al azote de los torpes, de los negligentes y de los incompetentes. Y este no es otro, no puede ser otro, que el único, el inimitable, Spiriman I «el Audaz».


A por ellos, que son menos y además, cobardes.



martes, 18 de octubre de 2016

OPINIÓN: Urnas y democracia




Derechos y obligaciones
en el juego democrático


HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA
Noviembre 2011 (reed. octubre 2016)*


* Escribí este artículo en noviembre del 2011, como un alegato defensor del derecho a no votar y una denuncia de la estigmatización social de muchos abstencionistas ideológicos. Hemos tenido recientemente dos elecciones generales y aún está por ver si no habrá unas terceras, por lo que el artículo cobra actualidad. Es por ello que he decidido reeditarlo en su forma, que no en su contenido.



Es como el sonido del pandero en vísperas de las navidades o el olor a incienso de la Semana Santa: conforme se acerca el día de las elecciones se oyen, se ven y se leen frasecitas grandilocuentes y contundentes sentencias sobre el acto de votar, como «Ese momento sagrado en el que el ciudadano introduce su papeleta en la urna» o «El mágico instante en el que el pueblo decide su futuro». Incluso algunos se atreven a afirmarlo como un deber ciudadano. Esos ciudadanos que, como canta Serrat:



«Y se amontonan y se hacinan,
encima, enfrente, abajo, detrás y al lado».


(Serrat, Ciudadano, 1978)


Vayamos por partes. Para empezar, votar no es ningún deber, afortunadamente. Hasta ahí podíamos llegar. Deberes son, por poner dos ejemplos, pagar los impuestos y cumplir las leyes, esas que fabrican los elegidos de la mayoría, algunos de los cuales, por cierto, no hacen ni una cosa ni la otra. Votar es un derecho al que se puede renunciar libremente; ni es un instante —mucho menos mágico—, ni es un momento —y mucho menos sagrado—. Elegir una o más papeletas de diferentes colores, guardarlas en sendos sobres, y meterlas en sus urnas correspondientes tras enseñar el DNI, no significa decidir ningún futuro. Ni de lejos.



"Urna hambrienta"                                                                                                                                                           Forges


¿Acaso todos los votantes de Felipe González y de su 'No' inicial a la OTAN decidieron entrar después en la organización militar? ¿O los de Aznar quisieron hacer el ridículo en las Azores y apoyar una guerra infame? ¿O los de Zapatero rescatar a los bancos con el dinero de sus impuestos?
Etimológicamente, democracia viene a significar el gobierno de la mayoría, de los más, del pueblo. Los griegos antiguos lo dejaron tan claro que huelga cualquier adorno conceptual para estos razonamientos básicos. Hay quien la define como la dictadura de las masas. Y también podría ser explicada como el sistema por el que los votantes otorgan permiso a los votados, para que éstos, al final, hagan lo que crean oportuno, en función de diferentes intereses —no siempre legítimos— y diversas circunstancias políticas. El hecho de que todos los candidatos inviten a votar —a quien sea— para evitar la abstención resulta sospechoso y revelador.

«En amargas colmenas los clasifican,
donde, tan ignorantes como ignorados,
crecen y se multiplican».
(Serrat, Ciudadano, 1978)


No votar es un derecho, tan sagrado como el de hacerlo. Es uno más de los derechos de un estado democrático. Alguien puede no participar, simplemente porque no le de la gana, tenga otra cosa mejor que hacer, o le importe poco esta cuestión. Muchos, sin embargo, eligen dicha opción por convencimiento ideológico. No son pocos los que acumulan ya 29 años como abstencionistas, después de sentirse vilmente engañados tras las generales del 82. Durante todos estos años se han ido convenciendo, cada vez más, de lo acertado de su actitud: no están de acuerdo con el sistema y no participan en el jueguecito electoral que montan los partidos políticos en su propio beneficio. Así de sencillo.


Ciudadano                                                     Joan Manuel Serrat. 1978

La manida respuesta del «entonces luego no te quejes», que suelen esgrimir aquellos afectados de furor democrático, además de absurda y lela, denota ese afán de las masas por sellar la boca de los que disienten de ella. Igual los que tendrían que callar para siempre —o al menos durante 4 años— son los que eligen en las urnas, y el tiempo, con sorna, y a través de los acontecimientos, les demuestra que lo hicieron mal.

Tres noticias relevantes pueden servir de ejemplos para la reflexión:

El País, 23 de septiembre de 2011:
«Los políticos renuncian al control previo del telediario ante el alud de críticas. Los periodistas exigen dimisiones en el Consejo de RTVE». «Los trabajadores exigen la dimisión de los consejeros que votaron a favor (PP, CiU) o se abstuvieron (PSOE, ERC y CC. OO.)».
Es decir, que 'renuncian' a la infamia de controlar la información de un medio público, consagrada como derecho y libertad inalienables, en el artículo 20 de la Constitución.

En el Telediario de RTVE, en su edición de noche del 15 de noviembre de 2011, Pepa Bueno:
«Hoy retomamos las entrevistas electorales en el Telediario, en el orden y con la duración proporcionados que establece la Junta Electoral. Ya saben que el Consejo de Informativos de Televisión Española discrepa de esta norma y reclama que tanto la información como las entrevistas electorales se hagan con el criterio profesional de los periodistas de la televisión pública».
Eso se llama respetar la independencia de los periodistas, pero todo sea por la democracia que toca unos días cada 4 años.

En El Mundo, 15 de noviembre de 2011:
«Un joven de Elche se expone a una multa de cárcel tras negarse a ir a una mesa electoral. Adrián Vaíllo se niega a ser vocal en una mesa electoral y se declara objetor de conciencia electoral, aduciendo que no vivimos en un régimen democrático».
Nada hay nada mejor ni más conveniente que reprimir a los descarriados que miran a las urnas con recelo.



Adrián Vaíllo a la salida de los juzgados de Elche                                                                                       RTVE.es



Resumiendo, que los mismos que piden el voto intentan controlar los contenidos informativos de un medio; la derecha apoyando la idea sin pudor, y la izquierda ¡absteniéndose! O sea, que vale, que no dicen que no, pero quedan de cine con sus simpatizantes. Y es que encima los toman por imbéciles. Después le toca el turno a la Junta Electoral —que son los mismos— para imponer sus criterios por encima de los que saben y tienen la obligación, y la vocación, de dar la mejor información. Y esos mismos van a ser también los que acaben crujiendo sin piedad al objetor Vaíllo, al que, con coroza y sambenito, entregarán a la justicia, para que sea castigado ejemplarmente por no estar de acuerdo con el sistema y llevar su decisión, de forma coherente, hasta las últimas consecuencias.
En un país en el que hasta el servicio militar es, felizmente, voluntario, obligan a la gente a pegarse 12 horas detrás de una urna, cosa que puede parecer perfecta para aquellos megademócratas esforzados, pero no para los que disienten en profundidad. Que se han gastado 124 millones de euros, que a las casas llegan un par de árboles en forma de papel: propaganda, sobres, papeletas y notificaciones censales.
Pues que tiren de voluntariado, militantes, convencidos y ciudadanos ejemplares. Y para los puestos que falten en la cobertura de todas las mesas, que acudan a la larga lista del paro —la que ellos han generado con su negligencia— y paguen jornada laboral festiva, comida y horas extraordinarias.

«Para que sigan especulando
con su trabajo, su agua, su aire y su calle,
la gente encantadora, los comediantes
que poco saben de nada, nada de nadie, y son…
ciudadanos importantes».
(Serrat, Ciudadano, 1978)


Y además, con mucha cara y muy poca vergüenza.



jueves, 29 de septiembre de 2016

Carta a los compañeros



La última cantinela

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

El próximo mes de diciembre cumpliré 34 años de ejercicio profesional y diez trienios en el SAS. El pasado abril hizo 28 años desde el día que llegué al Carlos Haya como residente. La del lunes fue mi última guardia, como supongo que ya sabéis todos. Tras varios meses de pugna interior, finalmente me he acogido a la exención de guardias por ser mayor de 55 años. Ello supone —al menos en nuestro servicio— un hachazo retributivo para los médicos de urgencias, que además nos vemos privados de la compensación económica que supondría prolongar puntualmente la jornada ordinaria con la continuidad asistencial. Pero la salud está antes, y la mía ha llegado a verse amenazada.

"Imagen de un doctor desconsolado"         Fuente: www.illustrationsource.com

Bien saben los que me conocen que ha sido una decisión forzada por el deterioro de las condiciones de trabajo que llevamos padeciendo varios años y por la deriva de un hospital que finalmente ha logrado lo que no pudo hacer en décadas anteriores: cagarse todos los días en el servicio de urgencias. Perdida esta guerra, y antes que verme arrastrando el pijama verde por esos pasillos que un día fueron gloriosos, la retirada era la opción más digna. La mayoría de vosotros fuisteis residentes conmigo, antes de ser adjuntos, también conmigo. Espero haberos aportado mi granito de arena y deseo que disculpéis los errores que haya podido cometer, que no deben ser pocos. A los otros, a los que llegaron conmigo y a los que estaban antes que yo, mi agradecimiento infinito porque de todos aprendí.
Esta mañana acudí a la reunión convocada por el jefe «para hablar de la organización del servicio y muchos temas más». Hacía muchos meses que no participaba en una de éstas, por estériles, conflictivas y riesgosas para mi propia salud mental. Reuniones en las que no sé qué ha pesado más en mi desánimo, si los gritos y las salidas de tono de algunos —entre los que debo citarme— o el pétreo y helado silencio de muchos.
La de hoy no ha sido diferente, si bien he podido percibir nítidamente que el nivel de crispación y la densidad de los reproches —unos directos, otros sibilinamente velados— han alcanzado cotas de mucha consideración. Sin entrar en mayores detalles y con ánimo exclusivamente descriptivo, se ha debatido sobre la edad de los diferentes miembros del equipo médico y su adecuación a las distintas parcelas asistenciales. Ante tanta estrechez de posibilidades para contentar a todos, los intereses de unos y otros han saltado de los asientos, como siempre. La escena me ha recordado a aquella canción de El Último de la Fila: «Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana». 
«Llevo muchos años escuchando la misma cantinela». Ésta ha sido la respuesta de un compañero más joven a la queja de un veterano como yo, al manifestar mi absoluto convencimiento de que él y los de su quinta sufrirán el mismo y triste destino —si nadie lo remedia— cuando lleguen a los 57, a los 60 o a los 64 años de edad.


Oído cocina. Ésta será mi última cantinela.



martes, 20 de septiembre de 2016

Griñán y la carta de su hijo



Griñán y la carta de su hijo

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

José Antonio Griñán es culpable. No por los ERE ni por los delitos de prevaricación y malversación de los que está acusado; de éstos es inocente mientras que un tribunal no lo condene en firme. Ni para él ni para nadie debe olvidarse la presunción de inocencia, uno de los pilares del Estado de Derecho.

José Antonio Griñán a la salida de los juzgados                       elconfidencial.com


La carta que su hijo Manuel ha publicado a través de las redes sociales no conmueve, por mucho que quiera presentar a su padre —lógico, por otro lado— como víctima de «las puñaladas de la ¿justicia?, de los medios y de la asquerosa política». El expresidente de la Junta es, precisamente, uno de los muchos culpables de esa asquerosa política, por sectaria y partidista, que han llevado a cabo todos los gobiernos del PSOE durante los últimos 25 años en Andalucía, incluido el de Susana Díaz, el que más.
Han creado una estructura reticular de instituciones, como empresas públicas, agencias, consejos, consorcios, observatorios, institutos y fundaciones, todas al servicio —como primum movens— de la autocomplacencia y de la propaganda política de un PSOE que no ha dejado de navegar en una campaña electoral permanente durante todos estos años. Mucho más atentos a las papeletas y a las urnas que a las necesidades reales de los ciudadanos, han conducido a Andalucía a la desastrosa situación en la que se halla. Griñán, y todos los demás, son los culpables.
Es imposible controlar una red de tamaña envergadura sin colocar los peones adecuados en los diferentes niveles de decisión. Si han tenido que despreciar y relegar a grandes profesionales, técnicos, expertos o intelectuales de prestigio que ofrecieran una mínima duda sobre su adhesión y obediencia a las directrices marcadas, lo han hecho sin contemplaciones. Y un ejército de lacayos con carné dirige hasta el último de los colegios, hospitales, empresas y demás instituciones públicas de esta tierra abrasada por el corporativismo patológicamente endogámico de Griñán y compañía.
Y claro, en algún punto del entramado se cuelan sujetos que terminan metiendo la mano donde no deben; clientes políticos de un mercado de favores que es mejor no mirar, o hacerlo para otro lado, no vaya a ser que alguien se vea en la molesta tesitura de tener que denunciar a un viejo compañero y dimitir del cargo.
Dice en su carta el hijo de Griñán, Manuel, que «muy pocos podrán decir que han dado mayores pruebas de integridad» que su padre; en su dolor olvida que en Andalucía hay muchas personas intachables que no suelen verse por los juzgados. Explica con detalle los coches familiares, todos ellos de gama baja, y se queja amargamente de que la hipoteca de la vivienda venza cercana a la fecha de la jubilación de sus progenitores. Pues que se alegre, que en esta Andalucía hay miseria y sintechos para dar y exportar.
Cuenta también la enorme sorpresa que experimentó el día que supo lo que ganaba su padre, en su opinión una «escasa retribución para tamaña responsabilidad». Según la web de la Junta, el sueldo de un diputado es de 3.050 euros. Más 1.552 por ser presidente. Por poner un ejemplo, y según la misma fuente, el sueldo base de un médico de urgencias en Andalucía es de 1.120 euros. No parece que salvar una vida o tratar con enfermos graves desmerezca en responsabilidad a la que tuvo José Antonio Griñán en su día, por muy presidente que fuera. La diferencia retributiva puede llegar a ser hasta ofensiva.

La rabia y la pena de Manuel Griñán son comprensibles. Que defienda a su padre también. Pero es más aconsejable que confíe en la justicia a que espere conmover, con su carta, a los que sufren las inclemencias de una nefasta gestión política como la que llevó a cabo, entre otros muchos, su propio padre.


sábado, 17 de septiembre de 2016

Un fenómeno sistémico



Es la corrupción que nos alimenta

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA



No hay que descartar que las grandes trasnacionales estén envenenando a la población del mundo occidental desarrollado a cambio de grandes negocios, con la complicidad de instituciones públicas, políticos y científicos. Además, claro está, de seguir matando de hambre y miseria a los desfavorecidos del Sur, tarea en la que llevan empeñadas desde hace mucho más tiempo.

El mundo según Monsanto (2008) es un libro y un reportaje televisivo francés dirigido por la periodista de investigación Marie-Monique Robin, sobre la multinacional Monsanto, su historia y sus productos comerciales. Ilustra claramente cómo la gran industria alimentaria y agrícola manipula los alimentos, los estudios científicos y la información para conseguir la máxima rentabilidad comercial de sus productos, despreciando de forma canallesca la salud de los consumidores y contaminando sin pudor el medio ambiente.


Monsanto es una multinacional estadounidense, productora de agroquímicos y biotecnología destinados a la agricultura. Es líder mundial en ingeniería genética de semillas (alimentos transgénicos) y en la producción de herbicidas, el más famoso de ellos es el Roundup® (glifosato). Pero no es la única.
Se dedican —explicado de forma muy esquemática y resumida— a manipular genéticamente las materias primas del campo, especialmente la soja, la cual forma parte de muchos de los alimentos que consumimos, y se usa comúnmente como pienso para el ganado, cuya carne también comemos. La alteración genética introducida hace que la soja sea resistente al Roundup®, con lo cual, los granjeros pueden fumigar masivamente sus plantaciones, para poder erradicar las malas hierbas y conseguir cosechas limpias de matojos, pero contaminadas de glisofato.



La misma empresa vende a los agricultores las semillas transgénicas —blindadas con fuertes patentes—, y el herbicida. El negocio es redondo. Después solo queda untar bien a los científicos y a los políticos para que hagan creer a los ciudadanos que el Roundup® es inocuo, lo que se ha demostrado ser falso. Es cancerígeno.
La FDA (Food and Drug Administration) es la Agencia de Alimentos y Medicamentos del Gobierno de los Estados Unidos, responsable de la regulación de alimentos (tanto para personas como para animales), medicamentos (humanos y veterinarios), cosméticos, aparatos médicos (humanos y animales), productos biológicos y derivados sanguíneos. Pues bien: es el organismo más corrupto jamás conocido. Es el zorro que cuida del gallinero.
En este punto hay que preguntarse: ¿Hay motivos para confiar en los organismos estatales, públicos, que controlan y regulan los productos alimentarios? ¿Es posible que ocurra lo mismo con los nuevos medicamentos que presentan a los médicos, y que están avalados por brillantes estudios de investigación? ¿Se ha vendido parte de la comunidad científica al poder de las grandes corporaciones?
En Europa aún hay ciertas barreras a los transgénicos, aunque realmente desconocemos mucho sobre la composición real de lo que comemos. El Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP) que quieren imponer traerá, entre otras muchas cosas, toda clase de alimentos manipulados genéticamente.
La corrupción es un fenómeno global; lo de los Bárcenas, Rato, Granados y compañía, sin dejar de ser importante, es solo la patita que muestra el lobo bajo la puerta de Caperucita. El problema tiene tal magnitud e infiltración en la vida de los ciudadanos, que se encuentra —literalmente— hasta en la sopa. Es la corrupción que nos alimenta.




miércoles, 7 de septiembre de 2016

60.000 agradecimientos



60.000 agradecimientos

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Cumplidos seis años de existencia, El Vaso Canopo (EVC) acaba de registrar 60.000 visitas, según las estadísticas del servidor Google.
No son cifras espectaculares, ni mucho menos. Que nadie se equivoque. Si se comparan con las de otros blogs o páginas web, pueden incluso resultar ridículas. Más allá de los números, están la satisfacción y la sorpresa del autor por tal seguimiento: el grueso de las visitas proviene, lógicamente, de España, con casi un 81 por ciento de las mismas. Le siguen los EE. UU con el 6 por ciento. El resto se lo reparten, por este orden: Rusia, Alemania, México, Francia, Reino Unido, Argentina, Colombia y Ucrania. También, aunque de forma casi testimonial, el blog ha sido leído en Italia, Portugal, Bolivia, Perú y República Checa. Para EVC es un misterio digital el hecho de ser leído, aunque solo lo fuese por una persona, en Rusia, Ucrania o la República Checa, pero si lo dice el tío Google, debe ser cierto.


Estadísticas de audiencia por países. El Vaso Canopo. Septiembre 2016.  /  Fuente: Google

Tan desconcertantes como lo anterior, son dos datos adicionales: actualmente, al introducir en el buscador el nombre literal del blog, éste aparece como la primera entrada de 39.800 resultados, por encima incluso de la de wikipedia. Por otro lado, EVC tiene una oferta para insertar banners publicitarios en sus páginas; la pretensión de independencia hace inviable la estimación de dicha opción. Pero sin lugar a dudas, lo más satisfactorio ha sido la evolución. En septiembre de 2015, la publicación celebraba sus primeras 20.000 visitas; un año después, las triplica. En doce meses, EVC ha tenido el doble de registros que en los cinco años precedentes. Una vez más, gracias.

Estadísticas globales de audiencia. El Vaso Canopo. Septiembre 2015.                                Fuente: Google


Un fenómeno esperado y concordante con la tendencia dominante de consumo de Internet, es el del acceso a través de dispositivos móviles: si hace un año algo más de la tercera parte de las visitas a EVC provenían de sistemas operativos instalados en los mismos, actualmente ya son la primera fuente —mayoritariamente Android— con casi el 60 por ciento; la ubicuidad e inmediatez de los teléfonos móviles han ganando la partida —de forma inapelable— a los ordenadores convencionales, incluidos los portátiles. El rey Windows, derrocado, no llega a ser ni el 30 por ciento de los sistemas operativos a través de los cuales se han realizado las visitas a EVC. Tanto en unos como en otros, ha sido Chrome, el navegador del gigante Google, el más usado por los lectores, muy por encima del resto, con un 60 por ciento.
En cuanto a los contenidos de las 106 entradas publicadas, dos de ellas destacan entre las más leídas: son dos artículos de opinión sobre la desastrosa gestión sanitaria de la Junta de Andalucía: La banda de los tragallones y Viacrucis de verano. El primero critica —quizá con más vehemencia de la necesaria— una carta, publicada en el diario Sur y firmada por la mayoría de mandos intermedios de los dos principales hospitales de Málaga, en la que se niegan las graves disfunciones denunciadas por miles de profesionales y por diferentes medios de comunicación de cobertura local y nacional. El segundo trata de describir la situación sanitaria en Andalucía a través del calvario de un enfermo conocido pero convertido en personaje de ficción para salvaguardar su intimidad y el secreto profesional.
A cierta distancia de los anteriores, en cuanto a número de lectores, pero con una audiencia considerable, se encuentran otros tres. Víctimas de la propaganda es un artículo de opinión que hace referencia al control propagandístico-electoral de la administración sanitaria andaluza con temas sensibles como el de los trasplantes de órganos e intervenciones quirúrgicas espectaculares, así como con la publicidad dada, a bombo y platillo, a diversas inauguraciones de centros sanitarios, con el único fin de ocultar la descarnada realidad de los recortes que están llevando a cabo. Todo ello, además, ha coincidido este verano con una ola de agresiones a trabajadores sanitarios, indefensos ante una población engañada y —también hay que decirlo— con una educación muy limitada, en líneas generales, claro está; éste es un fenómeno que permite a los poderes campar a sus anchas y así perpetuarse electoralmente, de ahí su poco interés en mejorarla
Dos trabajos académicos elaborados para la Facultad de Periodismo de la Universidad de Málaga (UMA), ambos en la asignatura 'Géneros periodísticos interpretativos y de opinión', de tercer año e impartida por el profesor Agustín Rivera, ocupan respectivamente el cuarto y quinto lugar en audiencia; en Un verso suelto, la entrevista a Juan de Dios Colmenero, jefe del Servicio de enfermedades infecciosas del hospital Carlos Haya —además de un referente profesional y humano—, el protagonista ofrece una visión tan acertada como crítica del estado actual de la sanidad pública andaluza y, en concreto, del hospital en el que trabaja desde hace 35 años. Finalmente, el reportaje Urgencias: siete días sin sombras, calificado por la UMA con la máxima puntuación, ha tenido una excelente acogida por los lectores de EVC, que también han querido premiarlo de esta manera.
Hace unos meses, un miembro del equipo de Dirección del Carlos Haya me comentaba, de forma cordial, que en su círculo de gestión se especulaba de vez en cuando con la posibilidad de la publicación de algún artículo en respuesta a alguna de sus decisiones: a esto lo llamaba «canopazo»; se da, pues, la paradoja de que uno de los mejores halagos para el autor provenga de aquellos a los que critica por lo que entiende como mal hacer.
EVC es consciente de que muchos de sus pasajes no resultan simpáticos a algunos de sus lectores, porque su vocación no es la de agradar a cualquier precio. Para eso ya están otros. EVC sabe que es leído por más de un detractor, cuando la curiosidad vence al desdén. Y así debe ser siempre. De otra forma no tendría sentido. Por ello, está abierto a la crítica y al debate. Pero también sabe que hay bastantes personas, amigos, compañeros, que lo siguen con complicidad y que esperan mucho de él, quizá más de lo que les pueda ofrecer, pero dentro de una senda crítica, serena y honesta, cualidades que, por otra parte, no constituyen un seguro frente al error, del que nadie ―EVC tampoco― está libre.

A todos, 60.000 gracias.