lunes, 8 de agosto de 2016

Opinión: Onda Azul


¿También tú, Bruto?

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

Lo de Onda Azul ha sido hoy una ruin puñalada, una mojá desinformativa de las de baja estofa.  Las túrdigas de los trabajadores de la sanidad pública malagueña y andaluza aún sangran, evisceradas, por tamaña felonía.


El colectivo médico, el de enfermería, los sindicatos y la oposición en el Parlamento andaluz (PP, IU, Podemos) llevan más de un mes denunciando los criminales recortes de la Junta en recursos humanos ─cierre de camas hospitalarias, cobertura insuficiente, precariedad laboral por contratos indignos, sobrecarga extrema de los trabajadores─, y sus consecuencias: demoras, masificación, agresiones, graves disfunciones y algún que otro caído esperando una ambulancia. Y lo que no se sabe.
De todo ello, con diferentes enfoques y mejor o peor informados, se han hecho eco muchos medios escritos y audiovisuales de alcance local y nacional: Sur, Opinión de Málaga, Málaga Hoy, El Mundo, ABC, Ser, Telecinco, Antena 3 y algunos más entre los que no se encuentra Canal Sur. En las redes sociales el clamor ha sido, y sigue siendo, casi histórico.



Es imposible que la radiotelevisión pública de Málaga, Onda Azul, no se haya enterado del asunto. Y mientras Espejo Público dedicaba hoy casi 20 minutos a denunciar esta dantesca situación, con entrevistas a médicos que han tenido que dejar de trabajar para el Sistema Sanitario Público de Andalucía por preferir su dignidad a firmar contratos para esclavos, la emisora malagueña ha emitido dos totales para mayor gloria de la Junta de Andalucía: uno con propaganda de trasplantes (presentando resultados del primer semestre que ya fueron noticia en junio) y otro dando voz al gerente de los dos grandes hospitales malagueños, Emiliano Nuevo, negándolo todo rotundamente con la consigna del partido: la asistencia está garantizada.




El grupo político ꞌMálaga Ahoraꞌ celebraba recientemente el cambio de gerente de Onda Azul «tras la oscura gestión anterior» de la Empresa Municipal de Gestión de Medios de Comunicación de Málaga S.A. La nueva responsable, Vanessa Martín Alloza, parece una garantía de transparencia y vocación de servicio público. Curiosamente llega al cargo gracias a los votos del PP. Cosas de la política.
Decía el profesor Chaparro Escudero, un referente en medios de proximidad: «No se puede entender la construcción de una ciudad ni de un pueblo sin el conocimiento diario y cotidiano de lo que le rodea. La proximidad es un elemento fundamental de construcción de memoria, de construcción de imaginario, de construcción de ciudadanía y de participación. Hoy asistimos a la gran televisión de la TDT y, sin embargo, al mayúsculo fracaso de la televisión local».
Pues bien, parece que la nueva gerente de Onda Azul no debió acudir ese día a clases, o lo ha olvidado durante los muchos años que ha trabajado para la RTVA, es decir, para Canal Sur. Hoy podía haber sido un gran día si su redacción se hubiera esforzado en hacer periodismo, en vez de bailarle el agua a Susana Díaz y sus cipayos.
Pero, claro, eso es muy complicado cuando en la información económica-financiera que ofrece la web de Onda Azul puede leerse que los convenios que lleva a cabo la Empresa Municipal de Gestión de Medios de Comunicación de Málaga S.A. con determinadas entidades son, entre otras… Lo han adivinado: la Junta de Andalucía.
Cuando ni siquiera se ha de confiar en un medio local, cercano y comprometido, no queda otra que recordar con melancolía la tragedia de Julio César y aquella sangrienta traición final. Y mientras los profesionales sanitarios echan el bofe este verano, Onda Azul ofrecerá el gran circo de la Feria de Málaga. Muy romano todo.




viernes, 22 de julio de 2016

Opinión: Violencia y propaganda



Víctimas de la propaganda

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

El hospital Carlos Haya está gravemente enfermo. Lo sabemos a ciencia cierta los que lo conocemos por trabajar en él desde hace más de un cuarto de siglo.
En realidad, el hospital malagueño es una más de las muchas víctimas que va dejando la epidemia que asola a la sanidad pública de Andalucía: los recortes de la Junta en materia de salud.
Informativamente hablando, estamos viviendo un verano incierto. A las noticias sobre la falta de cobertura de profesionales en urgencias y centros de salud, les suceden otras que muestran a Susana Díaz inaugurando centros sanitarios, o al consejero Aquilino Alonso celebrando el éxito de un trasplante de piel. Esto se llama propaganda.

Susana Díaz inaugura el Hospital del Guadalhorce                                   www.cartamaaldia.com


En estos días también nos enteramos de que dos profesionales de enfermería sufren agresiones físicas y verbales en el servicio de urgencias del hospital Carlos Haya (1). No son hechos aislados; puedo dar fe de que, lamentablemente, son cotidianos. Yo mismo, sin ir más lejos, he sido objeto de ellos.
Es posible que los usuarios entiendan que los trabajadores somos los responsables de las deficiencias que tienen que soportar. Es lógico que les cueste comprender que los únicos culpables son los mismos que ven en Canal Sur inaugurando obras o publicitando logros científicos. Cuando Susana Díaz se defiende de las críticas diciendo que el Sistema Sanitario Público de Andalucía es la «joya de la corona», está enviando un mensaje envenenado contra los profesionales.
La violencia es difícilmente justificable, menos aún cuando se ejerce cobardemente contra un trabajador. El nivel cultural tiene mucho que ver en todo esto. Sin los resortes de una educación consistente, los pueblos son muy vulnerables a las estrategias persuasivas de los poderes públicos.

Y al final pagan los justos y no los pecadores. Este es el poder de la propaganda política.


sábado, 16 de julio de 2016

Opinión: Una de indios



Papeles cambiados

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA

En la segunda mitad del siglo XIX, particularmente entre 1867 y 1870, el pueblo Comanche, uno de los pueblos autóctonos de Norteamérica, estaba siendo cada vez más diezmado y arrinconado por los colonos y el ejército yanqui.
Es llamativo el hecho de cómo Hollywood (que nació por las mismas fechas) ha conseguido edulcorar y camuflar el terrible genocidio de las tribus nativas de América del Norte, hasta el punto, incluso, de convertirlos en los malos de la película, en unos salvajes 'pieles rojas' que se divertían arrancando el cuero cabelludo de los inocentes hombres blancos que ocupaban sus tierras.
Durante el último siglo, varias generaciones de niños de casi todo el mundo han crecido con este cliché cinematográfico y televisivo, asumiéndolo como el único, el bueno, e imitándolo en sus juegos. ¿Quién no ha matado indios con su revólver de plástico?
Afortunadamente, siempre hay excepciones. Hace unos días rescaté una vieja y conocida película, El fuera de la ley, un wéstern de 1976 protagonizado por Clint Eastwood, en la que un hombre blanco (Josey Wales) huye de otros hombres blancos y —¡sorpresa!— termina buscando refugio en tierras comanches.


En las secuencias finales de la trama, se produce un dialogo entre el protagonista y el histórico jefe comanche Diez Osos, que merece la pena ver con atención. Frases como «a ti y a mí no nos asusta la muerte. Es más difícil la vida cuando los seres que has querido han sido violados y asesinados», «no son los gobiernos quienes conviven, son las personas; de los gobiernos no se recibe una palabra justa, ni la lucha es justa», «te aseguro que los hombres pueden convivir sin tener que matarse los unos a los otros» o «es triste que las palabras de los jefes de gobiernos sean falsas», retratan todos los genocidios cometidos con los pueblos indígenas del mundo entero y todas las invasiones perpetradas en nombre de la civilización, la libertad, la democracia, la justicia o la paz. Así hasta el día de hoy.
Y como siempre, la ficción creada por los criminales invertirá la realidad para que los malos sean los otros.


Jefe comanche Diez Osos. Foto tomada poco antes de su muerte en 1872.

domingo, 10 de julio de 2016

Comentario: Tardà y Pedro Sánchez



Las diferencias saltan a la vista
Joan Tardà, diputado y portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, pone en evidencia a Pedro Sánchez y al PSOE en el debate de investidura

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA


Más allá de ideologías y preferencias, más allá de que se pueda estar o no de acuerdo con él, coincidir o disentir totalmente o solo en parte con sus postulados, y más allá del debate sobre la unidad de España o la independencia de Cataluña, el discurso del veterano diputado catalán, el pasado 2 de marzo, en la fallida investidura de Pedro Sánchez, merece una reflexión, lo más  aséptica posible, sobre la situación política en la que se encuentra el Reino de España.




El parlamentarismo español clásico ha dado grandes oradores, como Castelar, Sagasta, Segismundo Moret, Silvela, Pi y Margall, Nicolás Salmerón o los malagueños Romero Robledo y Cánovas del Castillo, por citar solo unos pocos. En tiempos de la Segunda República destacaron, entre otros, Azaña, Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto, Lerroux o Gil Robles. De entre los más recientes, cabe nombrar a Adolfo Suárez, Felipe González, Durán i Lleida o el mismo Rajoy.
Quizá Joan Tardà no posea la elocutio de los clásicos, posiblemente porque practica más el catalán que el castellano y depende mucho de sus notas escritas. Pero lo que no se le puede negar es la claridad y la franqueza de su discurso, directo, irreverente a veces, con algún puntito de macarrismo y golpes de un humor típicamente catalán. No esconde sus cartas bajo un velo de retórica, como hacen muchos, y destila honestidad personal; es un político que sabe lo que quiere y lo dice con vehemente claridad, en Cataluña y en Madrid.
El vapuleo verbal que le dio a Pedro Sánchez y a su partido fue de época; al PSOE le afeó su clara deriva a la derecha, algo que a estas alturas ya nadie puede negar. Lo acusó de estar más atado a los poderes financieros que a los ideales socialistas y los intereses de la mayoría. Al candidato a presidente del Gobierno lo tildó de «insensato» y «escaso de talla de estadista», comparando la valentía de Adolfo Suárez durante la Transición con la pacata tibieza de Sánchez en asuntos de Estado.
En este sentido, Tardà jugaba con ventaja: es como poner un Boeing 777 junto a un dron de segunda mano; las diferencias saltan a la vista.


martes, 5 de julio de 2016

Epistolario II: Viacrucis de verano





Viacrucis de verano

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA
6 de julio de 2016

Estimado usuario:
Es mi más fervoroso anhelo que, cuando usted lea esta carta, los médicos que llevan su caso hayan encontrado causa y alivio para ese dolor que lo atormenta desde hace varios meses.
Como sin duda recordará, el día que lo atendí en el servicio de urgencias del hospital Carlos Haya mostré cierta preocupación por su dolencia, a pesar de la normalidad de los análisis y las radiografías que le practiqué. Esa inapetencia y los kilos perdidos, además del punzante dolor que le impedía hacer una vida normal —más por una caprichosa e inoportuna intermitencia que por la propia intensidad del mismo— resultábanme ladinos síntomas de un oculto disturbio.
He podido saber que de nada sirvió la encarecida indicación que claramente escribí en el informe de alta para que su cuadro clínico fuera estudiado con preferencia por el especialista correspondiente, puesto que, como le expliqué —y usted comprendió perfectamente—, en urgencias es imposible abordar todo lo que llega, en aras de atender a aquellos que necesitan una actuación más inmediata. De hecho, no habrá olvidado que mi petición de una simple ecografía fue rechazada por el radiólogo de guardia, ajustándose a dicho criterio.
Imagino la sorpresa torcida en su gesto, días más tarde, al comprobar que el Servicio Andaluz de Salud (SAS) y la Dirección del hospital consideraron, en el mes de junio, que tal preferencia podría esperar a finales de noviembre para una primera cita. Ya le advertí que el camino iba a ser largo y sinuoso, a pesar de su sereno civismo y de su buena educación —incluso, lastimosamente, a causa de tales virtudes—, y de mi empeñado criterio profesional.
He seguido su particular calvario. Lo llamo particular porque es el suyo, no porque sea excepcional; es la norma, lo habitual en nuestra sanidad pública andaluza desde hace muchos años: un ejército de dolientes sin respuesta, peregrinando de un lado a otro, reducidos a un murmullo de sombras que solo se quiebra por el llanto de lo irremediable, o por los gritos, las amenazas y los golpes de unos pocos que hacen del trabajador sanitario de turno su personal cabeza de turco. Y todo ello ocurre bien al fondo, detrás de los relucientes cristales de un escaparate adornado con órganos trasplantados y brillantes bisturíes, estratégicamente colocados por la negra, pero eficaz para sus intereses, propaganda política de la Junta.
Sé que no ha podido aguantar más y que ha tenido que acudir varias veces a urgencias. Las mismas que ha vuelto a casa, con una triste y creciente colección de agujeros en los glúteos, hasta que llegue noviembre. Ya en julio, un mes después de aquella nuestra entrevista, su estado está tan deteriorado y su familia tan asustada que, de nuevo en las urgencias del Carlos Haya, se ve obligado a suplicar alguna solución. Cuando yo mismo le recomendé que volviera a consultar si las cosas no le fuesen bien y su estado empeorase, olvidé comentarle que no debía esperar a los meses de verano. Ya es tarde, le ruego disculpas, estimado contribuyente.
Flaco favor le he hecho al no poder ahorrarle los 45 minutos que se han demorado en preguntarle el motivo de su visita, más las tres horas transcurridas hasta que la médico residente lo ha atendido en la consulta; ni otras tres para conocer los resultados de la enésima analítica, cinco para los de una ecografía —que ha resultado ser “poco valorable” por el abundante gas intestinal que albergan sus tripas—, y dos y pico más hasta que el especialista —un buen residente— le comunica que nadie tiene una idea aproximada de lo que le pasa, y que lo mejor es ingresarlo en el hospital para poder llegar a un diagnóstico. Total, catorce horas de su vida, un hilo en la madeja del tiempo. Mas ¿qué le voy a contar yo? Todo eso lo sabe usted a ciencia cierta y en carne propia.
Me siento tan atribulado, señor usuario, que me resulta del todo imperativo darle alguna explicación más. Alejado del corporativismo que tanto desdeño, le aseguro, con poco margen de error, que todos los trabajadores que han intervenido en su proceso han dado el máximo de sus posibilidades. Podría equivocarme en algún caso puntual, en algún elemento fallido que lo fuere más por agotamiento o desmotivación que por conducta negligente. El problema principal es que al SAS, al gerente y a los directores, les importa un pimiento lo que usted tenga que esperar. No se suplen con la solvencia requerida las bajas, los permisos, las reducciones ni las vacaciones de ni uno solo de los estamentos del hospital. Habrá leído estos días en los diarios malagueños ciertas denuncias en este sentido.
No quiero cansarlo en demasía, que bastante tiene ya con lo que tiene; pero le daré unos apuntes más: en urgencias del hospital Carlos Haya, la cobertura de médicos este verano no alcanza el 50%, siendo generoso, ya que se halla más cerca del 30% que de la mitad citada. Mire si son malas las condiciones de trabajo y los contratos que ofrecen, que ahora tienen otro problema: muchos médicos los rechazan porque prefieren trabajar en hospitales privados.
El SAS quiere hacer lo mismo, o más, con menos personal. Por ejemplo, hace varios días los celadores tuvieron que atender las tareas de un trasplante —que son muchas y que requieren la máxima diligencia— demorando obligatoriamente las habituales, como trasladar pacientes críticos o hacer los ingresos en planta. Ni siquiera la poderosa Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que maneja recursos de sobra para mantener una gran estructura logística e incentivar económicamente a los profesionales implicados, se dignó a pagar un celador extra. Uno solo, que no es tanto pedir.
No es que durante el resto del año la agilidad de la asistencia sea mucho mayor. Tiene días. Los sucesivos gobiernos socialistas de Andalucía, como los del PP en otros lares, llevan recortando en sanidad pública desde antes del pelotazo de Lehman Brothers. Pero el verano es el momento ideal para sacar unas tijeras bien afiladas durante los nueve meses restantes. Uno de los motivos, si no el principal, es que en Andalucía (no puedo hablar de otras comunidades que desconozco) no se opera en vacaciones. O se opera poco. No me pregunte el porqué. Consecuencia: estos artistas del trueque cierran camas, las esconden, las inhabilitan o como quieran llamar a esta operación anual. Y les da igual todo lo demás. Prefieren mandar a los enfermos a las clínicas privadas concertadas (que en Málaga son el centro asistencial San Juan de Dios —que se autodenomina 'Centro de Atención Integral a Salud Mental y a las Personas con Discapacidad'— y el Complejo Hospitalario Integral Privado, CHIP), que pagar un par de enfermeras para abrir una planta.



Imagen de camas que han quedado fuera de uso en el periodo veraniego                   diariosur.es

El número de camas distraídas es un misterio porque no quieren hablar de ello con la trasparencia que les caracteriza. Yo sí puedo decirle a usted que en las navidades de 2015, solo en el hospital Carlos Haya (General, Materno, y Civil), chaparon 198. Que se dice pronto. El gerente por aquellas fechas, José Luis Doña, hoy ya no está. En su lugar han fichado —quédese con este nombre— a Emiliano Nuevo Lara, exgerente del hospital de Jaén. Allí debieron ser tan exitosas sus políticas de gestión, que le han encomendado los dos grandes hospitales de Málaga. Acostumbrado a la avalancha poblacional que en estas fechas inunda Jaén y sus infinitos olivares, lo de la Costa del Sol debe parecerle una excursión de excéntricos. Pan comido. Retenga también estos dos nombres: Miguel Ángel Prieto, director médico a perpetuidad, y Ramón Porras, el artista de los contratos.




Emiliano Nuevo Lara, gerente de los hospitales Carlos Haya y Clínico de Málaga  /  diariosur.es


Y le sugiero tal ejercicio porque esos son los responsables de los malos días pasados, de las catorce horas que se ha comido esperando y de las que le quedan; sí, don usuario, siento comunicarle que no hay camas libres en el hospital hoy, que nadie sabe si las habrá mañana y que mientras tanto, con suerte, lo ubicarán en una del área de Observación de urgencias. Con menos fortuna —gracia que a usted no parece sobrarle— le aguarda un sillón reclinable. Espero que no le molesten los gritos, las carreras, los quejidos y los ruidos de una zona del hospital que no está pensada para enfermos que no la necesitan. Como es su caso, afortunadamente para usted y para los que están en su misma situación.

De cualquier manera, sea bienvenido. Ármese de valor y paciencia, que todo viacrucis tiene un comienzo y un final, sí o sí. Suerte amigo.





viernes, 1 de julio de 2016

Opinión: Visita de Michelle Obama



Lecciones de una primera dama

HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA.
1 de julio de 2016

Michelle L. Robinson perdió su apellido en 1992. Igual que ocurre con todas las mujeres que se casan en los Estados Unidos. La señora Robinson, tataranieta de un esclavo, pasó a ser conocida como Michelle Obama cuando dio el sí quiero al actual presidente de su país. En el ocaso de su 'mandato' como primera dama, ha llegado a España para dar lecciones de feminismo y de igualdad de género. Y de paso, degustar tapitas y tal.

La reina de España y Michelle Obama   /   Rafael López (www.semana.es)

Al ver las imágenes de los arrumacos con la reina Letizia y las multitudes admiradas frente a la ilustre visitante,  es imposible no recordar aquello de «Americanos, vienen a España gordos y sanos. Viva el tronío y viva un pueblo con poderío», que cantaban los hambrientos paisanos de la larga posguerra, en la maravillosa película de Berlanga, Bienvenido, Míster Marshall.


Un informe de la ONU, elaborado en diciembre de 2015 (1), denunció las violaciones sistemáticas de los derechos de las mujeres estadounidenses, particularmente los de las pobres, indígenas, afroamericanas, hispanas, inmigrantes, minoría LGTB, discapacitadas y ancianas. Este mismo organismo ya había denunciado anteriormente (2) que la educación en EE. UU. es de peor calidad para negros e hispanos, y que el fracaso y abandono escolar son mayores en estas minorías.

Nueva York: mujeres en una marcha por la igualdad de género / J. Carrier (www.un.org)
Oficialmente, la visita de Michelle a España es parte de una gira para promocionar su proyecto Let Girls Learn, que pretende escolarizar a 62 millones de niñas y adolescentes de todo el mundo. Es como querer arreglar la casa de los vecinos teniendo la suya manga por hombro. En un acto celebrado en Madrid ante 600 estudiantes invitadas por la embajada de Estados Unidos (3), ha ofrecido toda una cátedra sobre la desigualdad de género. La regia anfitriona, otra importante defensora de los derechos humanos, Letizia Ortiz, se ha deshecho en elogios hacia su gran amiga. Conmueve ver pasear juntas por los jardines de La Zarzuela a estas dos incansables luchadoras por la educación pública de calidad, y tal emoción no mengua aun sabiendo que sus respectivas hijas no pisarán en su vida un colegio o una universidad de titularidad estatal.

Acto promocional Let Girls Learn    /    Rafael López (www.semana.es)

La aún primera dama de EE. UU. aterriza en Madrid tras desplegar su misión humanitaria en Liberia y Marruecos. Conviene recordar que Liberia es una antigua colonia estadounidense, creada con esclavos libertos en 1822. La historia de este país está sembrada de horrores y guerras propiciadas por la primera potencia mundial. Parece que en casi un siglo no ha habido tiempo de escolarizar a las niñas liberianas. Don’t worry, baby: para eso está Michelle. Marruecos es un fiel aliado de su país en el control estratégico de la zona y un estado que viola todo lo violable. No estaría de más conocer la opinión de la señora Obama respecto a la escolarización de las niñas saharauis, condenadas por Mohamed VI a crecer en campos de refugiados. Ahora solo le queda visitar Arabia Saudí, otra monarquía amiga y muy celosa en el respeto a los derechos de la mujer. El Nobel de la Paz está a su alcance; podrá lucirlo, junto al de su marido, en el salón del hogar, sobre la chimenea.



Casualmente, el presidente de los Estados Unidos visitará España dentro de ocho días, cuando Michelle ya se haya marchado. Ahí se nota que son una pareja muy liberal e independiente. El bueno de Barack también va a dar lecciones, con toda seguridad: democracia, libertad, solidaridad, etcétera. Es una pena que en ocho años de mandato no haya conseguido limitar el uso de armas de fuego por la población civil, ni mejorar la casi inexistente sanidad pública de la nación más rica del mundo, ni evitar que la CIA financie el terrorismo islamista (4) e intervenga en países con recursos naturales que resulten interesantes y lucrativos para las grandes corporaciones norteamericanas; de haber ocurrido lo contrario, sería hasta creíble. Bueno, al menos ha templado relaciones con Irán y ha dejado de joder a los cubanos. O eso creen ellos.

Si el río de babas patrias ha sido notable con la visita de Michelle, lo del señor presidente va a ser apoteósico. Como en la peli de Berlanga: «Os recibimos, americanos, con alegría. Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía».


miércoles, 15 de junio de 2016

Epistolario I

Bandeja de salida
HÉCTOR MUÑOZ. MÁLAGA


Estimada usuaria:

Espero que a la recepción de la presente goce de una excelente salud, que tal bonanza no la abandone en lo sucesivo y que dure, sin merma, todos los años que el destino haya tenido a bien disponer para su persona.

Como usted sin duda barrunta, más allá de los inescrutables designios del porvenir, la mano humana es una eficaz herramienta al servicio de los mismos. Bien lo sabe el humilde servidor que le escribe, pues no en vano se dedica a la noble tarea de procurar su bienestar y el de otras muchas criaturas desde que consiguió, hace ya 34 años y con no pocos desvelos, el título de médico.

En estos tiempos oscuros, me veo en la obligación, tanto desde un punto de vista profesional como ético, de hacerle partícipe del estado de la cuestión sanitaria, que en gran medida nos afecta, a usted y a mí. Lejos de divagaciones generalizadoras, mi intención es informarle de algunos asuntos concretos que le atañen como paciente del hospital Carlos Haya de Málaga, al que usted acude cuando su salud se quiebra, sin perjuicio de que situaciones parecidas ocurran en otros lares, que ocurren, pero de las que no puedo dar fe.

Sepa usted que si en este preciso instante —una azarosa tarde de cualquier día del año— está siendo atendida en el servicio de urgencias de su hospital, lo más probable es que esté confiando la solución de su dolencia a uno de esos médicos que llaman 'residentes'. En realidad, son médicos generales aunque puedan presentarse como especialistas; son chicos y chicas jóvenes con un prometedor futuro y una experiencia profesional que suele oscilar entre los dos meses y los dos años. Aspiran a ser, el día de mañana, médicos especialistas cualificados, pero hoy no lo son.

No se alarme, querida usuaria: también hay médicos expertos a los que les pueden consultar, pero constituyen una proporción tan pequeña que resulta literalmente imposible que puedan supervisar con garantías toda la demanda, que, como usted bien sabe y padece, no es asunto menor. Y si está usted esperando, después de esperar, esperar y esperar, a que baje el ansiado especialista que le han prometido, no lance alegremente las campanas al vuelo: muy probablemente será otro residente, que con suerte acumulará tres o cuatro años de dilatada experiencia. Le ruego sea comprensiva ante la tardanza porque lo están llamando de otros muchos servicios del hospital.

Y si lee en su informe de alta algo así como «valorada por el [especialista tal]…» y no le consta dicho acto médico sobre su propia persona, será porque su caso ha sido resuelto por comunicación telefónica, hecho nada infrecuente desde que su historial y sus pruebas pueden ser examinados a distancia gracias a las nuevas tecnologías.

Sé lo que se estará preguntando. Le daré la misma respuesta que da el nuevo gerente, Emiliano Nuevo, la directora de Gestión, Carmen Gracia, y el subdirector de Personal, un tal Ramón Porras, cuya reputación entre los sindicalistas ronda conceptos del viejo fascio: no hay dinero para contratar profesionales ya formados. Yo no sé si es verdad o no, pero no es lo que dicen en campaña electoral. Lo que sí sé, estimada usuaria, es que los pocos contratos que hacen son tan precarios que atentan tanto a la dignidad de los profesionales como a la de los contribuyentes como usted.

Como ya podrá adivinar, el meollo del asunto es que el hospital cuenta a esos médicos generales sin experiencia, llamados 'residentes', como fuerza laboral cualificada; y con este argumento, los gestores sanitarios —colocados a dedo por los políticos que son votados— se atreven a decir que «la asistencia está garantizada». Y son, precisamente, esos médicos generales en formación los grandes beneficiados de todo este entramado; conscientes de la dependencia que tiene el sistema de ellos, de los recursos que le ahorran y de la coartada política que le brindan, medran sin cesar para blindar sus derechos laborales, algo en lo que usted y yo estaremos de acuerdo que es legítimo al cien por cien. Como también coincidiremos en la obscenidad que supone primar, bajo extorsión, determinados derechos puramente corporativos, a costa de birlar otros que son fundamentales para el estado de bienestar social.

Porque no debe olvidarse que usted tributa, entre otras muchas cosas, para ser atendida por un médico con una formación ya contrastada, y para que éste enseñe a los que mañana tomarán el relevo. Y no al contrario.

No le canso más. Estaré encantado de seguir contándole aspectos de sus derechos sanitarios que son vulnerados a diario, y que una gigantesca pantalla propagandística impide que sean visibles.

Quedo enteramente a su disposición.